30 may. 2008

Broncas

Recapitulemos.

Las desgracias nunca vienen solas (dicen) y últimamente, parece ser que la desgracia ha decidido cebarse conmigo... y con mi economía.

Los negros nubarrones de la infortuna llegaron hasta a mí en forma de llamada telefónica:

-¿Si?,-dije yo.
-Hola, le llamamos desde la compañía X de telefonía. Hemos sido informados de que posee una factura sin pagar desde el mes de enero (y me llaman en mayo).
-Que va, yo no tengo ninguna factura del mes de enero.

En enero yo ya me había cambiado de compañía de teléfono, pese a todo le di bola a la señorita telefonista.

-Si señor, tiene usted una deuda con la compañía que habrá de abonar lo antes posible...

Mi opción fue de pura lógica. Colgué el teléfono e ignoré la llamada. Sabía perfectamente que no podía deberles nada de nada de enero, puesto que desde diciembre yo pertenecía a otra compañía.

Pero la cosa no acabó ahí. Las llamadas de la señorita telefonista (no se si sería la misma, la voz era parecida si acaso) se hicieron más frecuentes. Me interrumpían en horas de trabajo para reclamarme el pago de la supuesta factura cuyo importe eran 7,23 míseros euros.

Comencé a oir de mis amistades las típicas leyendas urbanas de cómo insertan tu nombre en una lista negra, negra como el tizón si no pagas y cómo te deniegan los préstamos a posteriori por este mismo motivo.

Bueno, para qué quiero otro préstamo si ya tengo una hipoteca, -pensé yo, pero ya empezaba a preocuparme el tema así que después de la última llamada de la telefonista (en la que incluso me dio la impresión de que se me faltaba al respeto, un poquito) decidí ser un borrego y pagar la factura.

Pagué la factura y les envié el recibo por fax tal como me indicaron. No sirvió de nada, continuaron las llamadas y entre tonos amenazantes la señorita me dijo:

-Mándenos otra vez el fax y si no escaneas el recibo y me lo mandas por email, ¿porque... tienes ordenador, no? ¿o no tienes?

Esto ya me tocó a mi el orgullo de telefono-parlante, de modo que, reprimiendo cantidades ingentes de ira volví a mandar el fax... y esta vez fui yo quien llamé a la compañía X de telefonía.

-Compañía X, ¿en qué puedo atenderle?
-Usted en nada, ¿Podría ponerme con xxxxxx? (después de tanta llamada me sabía de memoria su nombre y apellido)
- No ella ahora mismo no puede ponerse, dígame a mí en qué puedo ayudarle...
- Bien, verá, he pagado el importe de 7,23 euros de una factura fantasma, no paran de incordiarme casi a diario para que la pague y lleva pagada desde hace más de dos semanas, he enviado el dichoso fax dos veces, sólo quiero pedirle dos cosas...
-Dígame...
-Primero que dejen de tocarme las narices y de llamarme pidiendome que les pague, ya está todo pagado, ¿comprende? déjenme en paz...
- Sí, señor, ya está, no se preocupe...
-Y segundo... quiero un justificante que demuestre qué llamadas he hecho yo en enero por un importe de 7,23 euros.

Y aquí viene lo acojonante, el telefonista va y me dice:

-No, señor, no se preocupe, ya está pagado, ya puede olvidarse de todo, no se le molestará más...
-¿Cómo? No, vamos a ver quiero ese justificante pero ya... ¡tengo derecho!
-No, señor, usted no se preocupe que ya está todo en regla...
-Pero... ¿qué me está contando?
(a partir de este momento comencé a enumerar una larga lista de improperios que le dediqué con cariño al telefonista, a su familia y a la compañía telefónica X)

-Señor, yo no estoy diciendo palabrotas, haga usted el favor...

Otra larga lista de improperios.

Finalmente oí un ruido hueco. Había colgado.

Curioso, pero cada vez que me llamaron me solicitaron el DNI, nombre, teléfono... en esta ocasión no me pidieron ni uno solo de estos datos, y el telefonista me decía con toda tranquilidad que todo estaba solucionado.

Total, la compañía X me estafó 7,23 € y yo creo que tendré que hacer una visitilla por consumo dentro de poco.

Por otro lado, esta mañana he ido a pagar una multa, un rollo muy largo de explicar, pero la explicación de la funcionaria es que yo he sido multado por la ineptitud del agente, por no saber hacer bien su trabajo... ¿cómo? resulta que en el concepto de la multa puso lo que no debía de poner y de haber puesto lo que debía de haber puesto yo no tendría que haber pagado 60 euros... de modo que los agentes de la autoridad también son humanos... menuda novedad.

En fin, tranquilo Eric, tranquilo. ¡TRANQUILO, NO APORREES EL TECLADO CON ESA RABIAAAAA!

28 may. 2008

Muera el amor

No se porqué aún, en pleno siglo XXI (era de Piscis) se siguen celebrando esos viejos ritos que, desde hace milenios, forman parte del ciclo vital de cualquier occidental:

Las bodas.

Si el ciclo natural solía ser por norma: naces, creces, te reproduces y mueres, hemos alcanzado un tren de vida que nos impone (casi más por obligación moral y social que otra cosa) otra serie condiciones que añadir a la lista: naces, creces, te hipotecas, te casas, te reproduces y mueres.

Una vez que nazcas tan sólo se esperará que cumplas con estas condiciones... al menos para llegar a ser un ciudadano normal.
Las dos primeras y las dos últimas tienen mucho de irremediable, tanto que resistirse a ello es practicamente luchar contra natura.

Las de enmedio son las que más me preocupan, pues da igual lo que hagas, tu sexo, tu trabajo, tus estudios... lo que espera la sociedad de tí es que te hipoteques y te cases.

Mierda de sociedad... ¡¿por qué?! Hay países en los que el sentido de la propiedad es muy diferente al nuestro, la gente no se angustia por poseer y poseer y poseer y tener un papelito que lo demuestre.

Lo mismo puede aplicarse al matrimonio ¿acaso no es un contrato de propiedad? El hombre pertenece a la mujer y viceversa y también hay un papelito que lo demuestra de por medio.

Y puedo entender el deseo de poseer un coche o una vivienda, pero poseer a una persona eso sí que es algo contra natura...

Autoría de la foto: pepepue

En una de estas andaba yo el pasado sábado, corbata al cuello, viendo cómo dos inocentes perdían su libertad frente a un esbirro de Dios.

El cura en cuestión era un joven de profusa barba que parecía ser un versado en temas amorosos (y digo parecía porque aquellos que se dedican a hablar sobre algo largo y tendido suelen dar la impresión de ser entendidos en la materia)

Él soltaba sus palabras como si se trataran de pedradas contra el resto del mundo, él delimitaba el amor con esa potestad que la institución religiosa le ha dado y él definía el amor con tajantes frases que comenzaban diciendo: El amor es...

Yo luchaba por no ausentarme demasiado mentalmente, hasta que llegó el esperado momento del summum de su discurso, que se concentró malévolamente en una única frase, una simple y maldita frase que rajó mi piel para incrustarse en lo más hondo de mis entrañas:

" Menos mal que las carantoñas y el enamoramiento del principio
desaparecen pronto, gracias a Dios...
"

Claro. Este tipo no sólo nos estaba sometiendo a un sermón moralista sobre una cuestión para la que los filósofos aún no han encontrado una definición convincente, sobre el tema que ha inspirado a mayor número de poetas, músicos, cineastas, pintores, artistas en general...

¡Estaba intentando convencernos de que el amor verdadero está exento de pasión!

Él defendía el amor de sofá y no el de cama. Y por si la rutina no hiciera ya mella en las relaciones de pareja, este tipo, como digo, exclamaba urbi et orbe que en eso consiste el amor verdadero: en soportarse mutuamente, en aguantar nuestras miserias con la mayor entereza.

Amor civilizado. Suena bien. Incluso se da más de lo que se desearía. ¿Para qué engañarse? en el amor hay que sudar... para bien o para mal.

Si discutimos tal vez sea porque no nos queramos, pero prefiero pensar que es porque nos queremos demasiado.
Si le fallan las fuerzas a mis pretensiones amatorias la culpa la tendrá la rutina y el trabajo, ya lo decía Chinaski: "Los mejores amantes son hombres ociosos".
Porque San Valentín es sólo un 14 de febrero en el calendario y porque si tu no estuvieras esta noche yo podría escribir los versos más tristes (cual Neruda). Quizá el uso de alzacuellos impida el entendimiento de ciertas cuestiones bien sencillas.

Se enciende la radio del coche tras salir del convite. 01:30 AM, Radio 3, suena "Muera el amor" de Rocío Jurado. No me entusiasma el título, pero a mi me da para bautizar otro post.

26 may. 2008

Intento desesperado de la naturaleza para librarse de nosotros

Lo que expongo a continuación son fragmentos de una noticia real aparecida hoy en el diario La Opinión de Murcia:

LA CONCEJALÍA DE SANIDAD DE CARTAGENA DESTRUYE LOS NIDOS DE GAVIOTAS PARA EVITAR QUE ATAQUEN A LOS VECINOS (en terminología bélica esto es lo que se llama un ataque preventivo)

Declaraciones lanzadas desde la concejalía de Sanidad: "Hemos reducido la población de palomas pero ahora nos preocupan las gaviotas, una especie agresiva, y hay que evitar que colonicen porque su vida suele superar los 25 años" (¿Sólo 25?)

Declaraciones de vecinos afectados por las aves: "La alada madre se encaramó a una salida de humos y comenzó a graznar congregando a los suyos que, pronto cubrieron el cielo con actitud amenazante" (¿Cómo es la actitud amenazante de una gaviota? ¿Vierten espumarajos por la boca?)

Las declaraciones son espeluznantes. ¿Es esto el argumento de una mala película sobre plagas? ¿O se trata de una metáfora de la Guerra contra el conocimiento que viene sufriendo Irak? Parece ser que no...

Viendo el peliagudo (o plumiagudo, chiste fácil) asunto desde el punto de vista de los vecinos, o de la realidad de las oficinas de la concejalía de sanidad, simplemente es un problema de plagas que conviene solucionar lo antes posible.

Pero me gusta hacer de abogado del diablo y me voy a poner del lado de esas amenazantes y agresivas gaviotas.

Parece ser que el ser humano, envuelto en la estresante vida del siglo XXI, rodeado de bluetooths, PDAs, dinero de plástico y coches con cepillo e hilo dental incorporado de serie, olvida a menudo dónde está.

Si sucumbo ante un flash-back que me viene a la cabeza, me veo en los tiempos del colegio oyendo algo de que nos encontramos en un ecosistema en el que conviven los diferentes tipos de organismos: depredadores, productores, descomponedores...

El ser humano es el depredador por excelencia. No sólo hace y deshace a su antojo (porque no existe otro organismo con una capacidad de raciocinio suficiente que se lo impida) sino que además, le joroba bastante que venga otro organismo a tocarle los ecosistemas.

Deberíamos darnos cuenta de que pese a que construyamos gigantes edificaciones, aunque distribuyamos y delimitemos los territorios a nuestro antojo, aunque creamos dominar el agua, el fuego, el cielo y la tierra, esta bola azul y verde no nos pertenece... o desde luego, no nos pertenece más que a esos agresivos y amenazantes pájaros que sólo desean sobrevivir... como cualquier mileurista cuando se avecina fin de mes, aunque de forma distinta.

Igual preferiríamos que todas esas aves se apelmazaran en los vertederos, donde no nos incordien, allí donde enviamos todo aquello que no deseamos.

Es propio también del ser humano pensar que la nuestra es la única mierda que no huele.

22 may. 2008

Paradojas del tiempo...

... o cómo uno mismo puede ser su propio padre y su propia madre.

Hace ya un tiempo leí un curioso relato de Robert A. Heinlein, titulado Todos vosotros, zombies, en el que se daba una curiosa paradoja temporal en la que no entraré en detalles por no fastidiaros el final a aquellos que no la hayan leído.

Ayer, buceando por la red, volví a encontrarme con dicho relato del que os dejo el enlace aquí.

Creo que, todos aquellos que en la infancia disfrutamos con las aventuras y desventuras de Marty McFly y Doc Brown en Regreso al futuro, encontramos en relatos como éste un divertido juego de fechas, identidades y actos. Además de unos minutillos de reflexión posterior en los que preguntarnos... si pudiera volver atras ¿a dónde iría?...


Yo por mi parte, creo que en un Woodstock de 1969 no estaría mal para empezar... Aunque creo que llegaría tarde para enseñarle a Johnny Winter cómo se toca Johnny B. Goode...

20 may. 2008

Encuentra las siete diferencias...

No seré yo quien venga a desmerecer el trabajo de ningún artista, pero...

Esto es la reciente escultura "Homenaje a los poetas" (situada en la Avda. Miguel Indurain en Murcia capital) de Pepe Lucas (escultor natural de Cieza, Murcia):

Y esto es "Viento y Luna" (situada en la Avda. Antonio Fuertes en Alhama de Murcia), también del escultor Pepe Lucas:

Ejem... Recuerdo aquella vez en que tuve la ocasión de entrevistar al poeta y pintor Antonio Soto y algo que me dijo sobre poseer un estilo:

"El estilo crea, a veces, repetición. Por ejemplo, cuando a un pintor se le conoce por su estilo es como decir, eufemismos aparte, que siempre pinta igual".

Otro artista al que entrevistamos no hace mucho en Entrelíneas, Alonso Sánchez Blesa alias Platisco nos contaba que si convences a las instituciones (instituciones del mundo del arte e instituciones locales, vamos, los que subvencionan, para entendernos) de que un montón de residuos con forma de cubo es arte, esa montaña de residuos pasará a ser arte... Desde entonces valoro mucho más a los artistas conceptuales... como vendedores.

Pero "Viento y Luna" y "Homenaje a los poetas" me resultan demasiado parecidas como para tener temáticas tan dispares, no se, no se...

Ok. Démosle voz al autor. Cito textualmente las palabras de Pepe Lucas tras la inauguración de la segunda escultura ("Viento y Luna") en 2006. A ver si nos saca de dudas:

“He querido que obedezca al lenguaje universalizador del arte”. “Mi mayor preocupación ha sido que no represente nada de lo identificable. Yo soy un artista de mi época y esta escultura ha sido ejecutada en 2006, en la época en que ha sido hecha” “Soy enemigo de quedarme en la anécdota que encierran los pueblos, en su folklore, en sus localismos y tipismos; no hay que caer en el chauvinismo”.

Ahora sí. Me ha quedado todo mucho más claro. Por no caer en el chauvinismo se parece tanto la literatura de Ana Rosa Quintana a la de Danielle Steel...



¿Más fútbol y menos sexo?

Mis labores de hombre-carpeta aún me permiten ir a la cafetería más próxima a tomar un café, cada mañana.

Es lo que Warhol llamaría "tus 15 minutos de calma". Durante esos quince minutos simplemente podría decir que soy feliz.

Quince minutos en los que únicamente espero que las conjunciones planetarias me otorguen no más que un asiento en la barra, un café con leche (ni helado ni deflagrante) y un diario por el que distraer la mirada...

Son quince minutos en los que me permito entristecerme por el mundo, reir, sorprenderme, tomar notas para futuros escritos, etc, etc...

Hoy abro el diario, página 61 y leo: 7 de cada 10 españoles prefieren el fútbol al sexo...
Noto cómo mi cerebro va asimilando la información y cómo mi sangre se congela.

Ahora ya no hay nadie a mi alrededor... Aquella pareja que está sentada al fondo simultaneando su desayuno con el visionado de Saber vivir en la tele, simplemente desaparecen.

El tipo que hay sentado a mi lado ojeando el Marca también.

La camarera... ¿la camarera? ya no recuerdo ni su rostro.

¿Qué está ocurriendo?
No se si descojonarme de lo patético que resulta el ser humano del siglo XXI o acojonarme por los resultados de semejante encuesta.

¿Quién en su sano juicio diría que prefiere ver un puñetero partido de fútbol a tener un momento de intimidad con su pareja, amig@, amante o rollo? No puede ser, esto no puede estar ocurriendo...

Sigo leyendo:

...Seis de cada diez españoles (un 63 por ciento) planifica su vida alrededor de los partidos de fútbol...
...Uno de cada seis considera que formar parte de la afición de su equipo favorito es como tener una relación de pareja...
...Dos de cada tres españoles afirma no haber podido contener las lágrimas durante un evento deportivo!!!...

Es decir que de un 60 a un 70% de los españoles tiene un pilar fundamental en su vida: el fútbol.

Creo que estoy empezando a sentir nauseas... Mi mente busca una posible explicación para todo esto, una válvula de escape, algo que impida que mi confianza en el género humano se derrumbe de un plumazo...

El próceso químico que tiene lugar en mis neuronas me ofrece al fin un resultado:

Pan y circo

Bien, si bien no recuerdo mal, era la fórmula empleada por los gobiernos de la antigua Roma para tener distraídas a las gentes y evitar que se preocupasen por asuntos secundarios, de menor relevancia, tales como la política.

Ahora lo entiendo. En aquella época les funcionaba y 2000 años después parece ser que aún les sigue funcionando.

Bueno...

¿Pero qué tienen que decir sobre esto 7 de cada diez españolas insatisfechas?

¿He de sentirme un bicho raro por aborrecer el fútbol, los toros o la fórmula 1?

¿Dónde estaba yo el día que implantaron los chips de manipulación mental?

¿Debemos seguir el ejemplo de Pelé y prestarle al sexo la atención que se merece antes de que sea demasiado tarde?

¿Es el fútbol la religión del futuro y la FIFA algo similar al Vaticano?

¿Si algún día el fútbol profesional desapareciera y 7 de cada diez españoles no tuvieran ya una razón para vivir... provocaría esto el mayor suicidio en masa de la Historia?

¿Quién mejor que tú para meter los goles, si lo celebra hasta el equipo contrario cuando la jugada es bonita?...

19 may. 2008

Jacobo

Jacobo es un niño del siglo XXI. Él no es feliz, ni infeliz, tan sólo (sobre)vive a través de los años que le regaló la Naturaleza.

Desde su más pronta infancia, Jacobo tuvo varios educadores (sus padres, profesores, familiares…) aunque tan sólo mantuvo la confianza en uno de ellos, hasta su adolescencia: la televisión.

La televisión nunca le regaña, la televisión le muestra mundos fantásticos, historias inexplicables, no le aporta únicamente palabras como el resto de la gente.

La televisión le divierte, la televisión le muestra qué es correcto y qué no, la televisión le quiere (la publicidad se encarga de recordárselo a menudo, con sus “tú lo vales”, “i’m loving it” y demás palabrería barata).

Sus padres también quieren a Jacobo, pero sacar adelante a una familia es una ardua tarea y el tiempo que deja sin ocupar una agotadora jornada de trabajo, prefieren emplearlo en reunirse en torno al sofá para ver la televisión (de ese modo, asisten religiosamente a esos espectáculos televisivos en los que la gente lucha por no ser excluida de un grupo, por no destacar, porque es preferible la mediocridad a la exclusión y eso lo saben Jacobo, sus padres y lo sabe todo el mundo).

Los padres de Jacobo también sienten que la televisión les ofrece su afecto: Porque la televisión no tiene la voz irritante e intransigente de un jefe, la televisión no discute contigo cuando la nómina no es suficiente…. Si la televisión se vuelve triste y gris, sólo es preciso tirar de esa nómina precaria para comprar otra televisión: Así de simple.

Por otro lado, Jacobo no entiende de problemas de adultos. Él pasa las horas muertas, inmerso en sus videojuegos: Con ellos “salva” sus interminables vidas, pulsando botones. Triángulo, salta, cuadrado, agáchate… se mueve por estímulos, como los insectos.

En los tiempos de Jacobo nadie considera que este entretenimiento esté fuera de lugar: según los expertos agiliza la mente y la calle ya no es segura para un niño como Jacobo.
El niño suele escuchar cómo su abuelo enseñó a su padre a construir una escopeta de juguete con tan sólo una tabla, una goma elástica y una destripada pinza de tender ropa… lo terrible de esto es que no siente curiosidad alguna.

Con algo más de edad, el niño (ya no tan niño) va forjando su carácter con las enseñanzas de su querida progenitora televisión. Gracias a ella aprende que la competitividad no es más que un sucio juego en el que se permite pisar al adversario. Aprende del amor lo que emanan las películas romanticonas con final feliz. Aprende que el sexo debe ser tal y como lo exponen… otro tipo de películas. No es de extrañar que ya en el instituto adquiera dotes de director de cine con un móvil en una mano y el rostro sangrante del pardillo de clase en la otra. Sus mejores obras pueden verse en Youtube, aunque no son aptas para todos los públicos.

Jacobo tontea con las sustancias prohíbidas por la sociedad. Mamá televisión le muestra sus virtudes al mismo tiempo que sus inconvenientes. Lo mismo sucede con las enfermedades de Venus, o con los combinados de alcohol y neumático. La adrenalina es su único sustento en una difícil etapa de su vida.

Unos añitos más tarde Jacobo se siente capacitado y decide aportar su granito de arena en la educación de varias generaciones de niños: es productor ejecutivo de televisión. En lo personal, Jacobo es carne de psicólogo desde hace años, un par de horas a la semana. ¿La culpa? Supongo que la tendrá… la madre que lo educó.


14 may. 2008

De visita por la gran empresa

Mis obligaciones como hombre-carpeta me condujeron hasta la entrada de la gran empresa. Misión: entregar una factura.

La labor parecía sencilla. Las instrucciones que me habían asignado por teléfono así lo denotaban: Tan sólo deja la factura en recepción, dijo la voz de la persona a la que debía entregar el dichoso papelito, yo la recogeré al salir.

Muy bien. Accedí a las instalaciones por la entrada destinada a las visitas y ocupé la primera plaza de aparcamiento que se me puso a tiro.

Anduve unos minutos desconcertado hasta que entre aquel maremagnun de vehículos encontré una garita con un señor uniformado en su interior. Me acerqué hasta él.

- Buenas, dije tratando de no parecer desorientado, vengo a dejar una factura para el señor X.

-¿Te ha dicho el señor X que la dejes aquí?, me contestó el empleado, no sin cierta acritud.

-Eeeh... no, dijo que la entregara en recepción.

-Esto no es recepción, esto es control.

-... Ya veo, dije mirando el cartel que engalanaba la pequeña fachada de la garita.

-¿De parte de quién vienes?

-De parte de la revista Entrelíneas.

-Aha...

A partir de ese momento, el guardián de la guarida... digooo, de la garita, comenzó a someterme a un interrogatorio de tercer grado: Nombre, empresa, domicilio, DNI, grupo sanguíneo, antecedentes penales... Fuí sincero en todo. Después imprimió lo que parecía ser un pase eventual para acceder al recinto que enfundó en plástico... y con una presión de su dedo abrió las puertas ante mí. (Dicen que todo el mundo se aparta ante quien sabe a dónde va... menos mal que yo sabía a dónde iba)

Cogí el pase y me lo guardé en el bolsillo. Debía colgarlo de mi camisa pero prefería no hacer el pringado con un pase eventual para pasear por las instalaciones.

Comencé a introducirme por los recónditos parajes de la gran empresa y a lo largo de un ancho camino asfaltado, volví a caer en la cuenta de que estaba perdido.

Mierda. Un guarda de seguridad que era el encargado de dar paso a los vehículos no pertenecientes a las visitas ni a los trabajadores mileuristas me estaba observando y yo allí más perdido que Wally, rogando al cielo un GPS hacía lo posible por pasar desapercibido, caminando en línea recta, mirando de soslayo cada una de las posibles entradas a una recepción que se escondía muy habilmente.

-¡Eh, eh!, me gritó el guarda, ¿dónde vas?

Me estaba empezando a agobiar el asunto de entregar la facturita de las narices y comenzaba a plantearme la posibilidad de salir corriendo sin rumbo previsto... pero el guarda tenía una porra y unas piernas más largas que las mías, de modo que deseché la idea.

-Voy a entregar una factura para el señor X, dije mostrándole el papel que portaba, busco la recepción, ¿dónde la puedo encontrar?

-Está allí, al final. Dijo mostrándome el camino con un grueso dedo índice.

-Gracias.

Recorrí el camino hasta la recepción, algo menos de cien metros repletos de cuidados jardines y enredaderas que se adherían a las voluptuosas columnas de la fachada del gran edificio. A mi izquierda quedaba el aparcamiento de vehículos para lo más selecto de la empresa. Los allí estacionados no eran cualquier coche: impecables Jaguars, BMWs, Corvettes... me sorprendió hallar entre ellos un modesto Volkswagen Golf y por momentos recordé mi Renault Laguna pidiendo a gritos un baño.

Ascendí por unas escaleras de lo que parecía marmol del caro y accedí a una pasarela que indudablemente conducía a recepción. Bajo mis pies se deslizaba el agua a través de una estructura de fuente-manantial de diseño. Todo agradable a la vista sin duda.

De hecho, antes de entrar por la doble puerta automática de cristal eché una ojeada al mundo exterior que quedaba más allá de los muros de la gran empresa... y no me pareció que el mundo estuviera tan mal, después de todo.

Entré.

Un fornido empleado amortajado en un elegante traje de chaqueta se abalanzó sobre mí. Comencé a maldecirme por haber olvidado traer mi chaqueta arrugada de hombre-carpeta que, al menos, lograría situarme un poco a su altura. Al menos no me había colgado aquella autorización eventual que me haría sentirme algo más ridículo.

-¿Adónde va?, me inquirió el empleado. Vaya, me dije, ha sido entrar aquí y que me empiecen a tratar de usted. Claro, que el tratamiento de usted, llegado a ese punto, suponía un agravante de la situación.

Volví a explicar mi retahila acerca de la factura que llevaba en la mano, el señor X y mis intenciones de visitante y el empleado de puertas me acompañó hasta lo que parecía ser el ascensor de acceso a mi destino, que se encontraba a dos metros de mi posición inicial.

-Pulse para ir a la primera planta y hable con la chica que hay tras un mostrador nada más salir del ascensor, me dijo.

Era uno de esos ascensores que emiten un "ding" cuando has llegado a tu destino. Esto es tener clase, sí señor, pensé.

Al salir del ascensor tuve que esquivar a varios hombres amortajados en sus correspondientes chaquetas, camisas y corbatas. Andaban sin prisa, pero sin calma, lo habitual en esa especie.

Ví a la chica del mostrador. Vaya, era la primera mujer que veía desde que había tenido acceso a las cotas altas de la gran empresa y era, también, la única que portaba un estúpido gorro granate a juego con su uniforme. Era guapa, buen tipo y ojos penetrante de inquisidora, parecidos a los del tipo de la garita de control. Espero que no me pregunte por mis antecedentes penales, pensé.

-Hola. Buenos días ¿en qué puedo atenderle?

-Verá, vengo a dejar esta factura para el señor X. Me indicó que la dejara en recepción...

-Sí. Ahora mismo el señor X está ocupado, pero si hace el favor de esperar unos minutos veré si puede atenderle.

No, gracias. No he llegado hasta aquí para encarar esto personalmente con el señor X. De haber sido por mí le hubiera dejado la factura al de la garita, pero no me fiaba de él lo suficiente. Esta chica tenía cara de ser más honesta... y de cobrar más.

-No es preciso que lo moleste. Tan sólo entréguesela tan pronto como lo vea ¿ok? gracias...

Y salí de allí precedido por un "ding" del ascensor.

Tras salir del edificio, tuve la impresión de haber vuelto a respirar. Aspiré el oxígeno de aquel elenco de productores de oxígeno que conformaban los árboles y plantas de la entrada. Lo aspiré todo, se lo robé a un par de señores de traje que me precedían.

Observé una curiosa estatua que engalanaba aquellos jardines y en la que no había reparado antes. Representaba a un niño que jugaba con una tira de hombrecitos de papel. A mí me pareció una metáfora, y de las buenas.

Al ir abandonando aquellos cien metros de distancia de recepción a control tuve la impresión de estar franqueando una barrera. Una barrera invisible que separaba las altas cumbres de los abismos más profundos. Ahora junto a la valla metálica había dos trabajadores con deslucidas batas blancas apurando las últimas caladas de un cigarrillo, de un modo algo furtivo.

Pensé en que ellos no podrían llegar hasta el ascensor que hacía "ding" para dedicarle una sonrisa a la de los ojos inquisitorios. Pero ese era su rol. Unos dentro, otros fuera y yo en medio sin significar nada para ambos bandos.

Cuando estaba de vuelta en el parking de empleados buscando mi coche, comencé a comparar los vehículos de la zona VIP con estos y lo que me entristeció no fue que algunos estuvieran a un paso del desguace, sino que otros trataban de emular a los de dentro... y eso con algún cero de menos en la nómina es una verdadera tragedia personal.

Cogí mi coche y salí de las instalaciones. Ví pasar a un coche destartalado con algunos inmigrantes en su interior, parecían divertidos, oían música y cuando su automovil pasó junto al mío dejó tras de sí un pegajoso y dulzón olor a marihuana que me hizo comprender que, de nuevo, me encontraba en ese mundo real, más allá del edén de los jardines de la gran empresa.

13 may. 2008

Dios, Franco y don Santiago Bernabeu

Se decía antiguamente (bueno, decía Alfredo Landa antiguamente) que Dios, Franco y Don Santiago Bernabeu era en lo único en lo que se debía creer.

Al primero no he tenido el gusto de conocerle, aunque desde pequeño las personas encargadas de mi "fe" se empeñaron en convencerme de que yo y algunos más le debíamos una disculpa por haberle hecho mil perrerías para luego colgarlo en una cruz (la raza humana en general, vamos).

Del segundo tampoco sé demasiado, lo que dicen los libros de Historia, pero claro, todo depende de quien lo escriba. Que si Franco hizo esto, que si Franco hizo lo otro... No puedo opinar sobre este señor que mantuvo una dictadura durante 40 años en España y que murió unos pocos años antes de nacer yo. Es como si tuviese que dar mi opinión sobre Atila o sobre Alejandro Magno, Napoleón... es tan solo un personaje de libro.

A propósito de dictadores oí decir alguna vez a alguien que los locos y peligrosos no eran los tiranos sino los aborregados que les seguían la corriente.

Del tercero poco que decir... Me aburre el fútbol (creo que queda todo dicho).

De esto saco conclusiones sin proponérmelo. Para que a uno lo beatifiquen y lo tengan en consideración de dogma hubo un tiempo en que o bien habías modelado e insuflado vida a todo el universo, o bien tenías extremas ideas de cómo dirigir una nación, o bien debías ser futbolista... cómo ha cambiado la cosa ¿o no?

Desde aquí propugno mi particular dogma de fe que dista un poquito del anterior:

Yo, Yo y Don Ricardo Codorniú... y me explico:

Yo soy mi juez, mi protector... en quien quiero creer por encima de todas las cosas.

Yo soy quien dicta mis actos, mis pensamientos, mis obligaciones, mis prohibiciones...

Y si he de admirar a alguien será a la persona que en tardes como hoy permite que me deleite la visión de algo tan espléndido:


Don Ricardo Codorniú apodado "el apostol del árbol". El ingeniero de montes que promovió la reforestación de Sierra Espuña (claro que promover no es igual a plantar una a una cada semilla, todo hay que decirlo).
Pero es a quien debo agradecer ese mosaico verde que cubre una superficie de aproximadamente 25.000 hectáreas. Creo que la vida aquí sería mucho más triste de no ser por cada uno de estos "hijos" del señor Codorniú.
(Dios, si estás ahí, si realmente estás ahí creo que también habría de darte las gracias por esto...)

¡Ah, por cierto! Si alguien tiene unos dogmas distintos que lo diga... mi interés es puramente antropológico.


12 may. 2008

Los dioses están inquietos

Los dioses están inquietos.

Desde la pasada semana el cielo nos viene entregando su llanto frío y los nubarrones aún no se han disipado.

Una noche desperté, sorprendido por el clamor de los dioses retumbando en mi persiana. El cielo se estremecía, crujía, se rompía en miles de pedazos. Tuve que rescatar a mi perro (al que tengo arrendada una parcela en la terraza junto a mi cuarto) de la tempestad.

Desde el espacio que quedó entre la colcha y mis párpados observaba la oscuridad, divagando acerca de lo que podía estar pasando... Hace tiempo que el cielo no se comporta así ¿Qué ocurre?

Dicen que después de la tempestad llega la calma. Pero lo que yo he visto llegar tras la vorágine de agua y electricidad no se asemeja a la calma:

Una epidemia de tristeza (como diría el maestro Sabina)

Los seres son cada vez menos. Lo inanimado no se anima, ya que no tiene alma.

Yo cada vez llevo mejor mis depresiones post-dominicales pero otros no.

Si esto es lo que trae consigo el cielo hediondo del siglo XIX, no lo quiero. Ni para mí, ni para nadie.

Al menos, en los tiempos del antiguo testamento, el cielo sólo dejaba las secuelas de alguna plaga mortal o una simple lluvia de azufre. En fin, corrían tiempos mejores.

6 may. 2008

Crítica a una vida fácil

No hay vida fácil.
Hoy es lunes (bueno, a estas horas debiera hablar de martes). Ha sido un lunes antológico... pero por nefasto. Prisas, estrés, problemas, llamadas telefónicas (de Roberto Bolaño, buen libro), más estrés, caras largas, gritos, tabaco, sorpresas ingratas, café, más tabaco, más estrés y bueno... se acaba el lunes.

En estos momentos me limito a escuchar uno de esos temas que en algún momento ponen la B.S.O. de tu vida y en lugar de redactar unas cosillas que tengo pendientes, distraigo los dedos por este teclado, como ya he dicho al ritmo de "Noches de humo" de Souchi y Morodo.
Y como dice la canción "...mientras floto, invoco al séptimo sentido"... te colocas los cascos y te relajas.
Hay veces que leo mis escritos y veo a un purista empedernido empeñado en mostrar cómo deberían ser las cosas... Y una cosa es cómo deberían suceder los acontecimientos y otra muy distinta cómo acaban resultando. Además con música de por medio uno se siente anarquista de corazón, un espíritu libre, una eventual alucinación nocturna que tiene una tremenda resaca de vuelta a la rutina. No deseo escribir nada de eso esta noche (tal vez en otro momento).

En un mundo en el que nadie se preocupa de facilitarle la vida a los demás, no seré yo quien comience a tirar del carro. Y nadie sabe lo que eso me j... fastidia. Yo también odio a ese vago que vive dentro de mí.

3 may. 2008

Local de moda

Es el local de moda. El hilo musical es un coctel agitado demasiado deprisa de música funky con bombos, cajas y charles potentes por el que alguna de estas chicas no puede evitar mover instintivamente el trasero.

Es curioso ese movimiento involuntario, como si fuera un vestigio de antiguas danzas tribales... lo llevamos en los glóbulos rojos.

Quizá hay demasiada luz para mi gusto, aunque mi chica se mueve por aquí como pez en el agua. Recorre el local de un lado para otro al son de la música.
Reparo en la gente que me rodea: La mayoría son chicas jóvenes enfundadas en ropas apretadas que aún no saben qué significa ser mileurista y que se gastan la paga que les proporcionan sus padres, empujadas por el frenesí del local.

Aunque también hay otro tipo de seres pululando por aquí, hombres pre-cuarentones que pierden la mirada en los ceñidos escotes de las primeras.

Veo un grupo de chicos de moderna apariencia que hacen que me sienta, por momentos, fuera de lugar. Veo mi imagen reflejada en uno de los espejos del local con mi chaqueta y mi apariencia de hombre-carpeta y me siento anticuado, aspirante a pre-cuarentón.

Mientras tanto cruzamos una zona distinta del local, veo tangas de mujer tirados por los suelos y comienzo a ponerme tenso mientras mi imaginación se dispara.

Las trabajadoras del local de moda son también más jóvenes que yo, pero su actitud es tan soberbia que sería capaz de solapar a la mía. Las veo currar a velocidades vertiginosas. El dueño del local las contrató bajo el fundamento de que para ese trabajo tan sólo se precisa poseer cuerpos bonitos, juventud y, de momento, escasas inquietudes.

Ha llegado la hora, tras un rato deambulando a través del local mi chica me arrastra hasta una zona más íntima. Hay varias parejas, de todas las edades repartidas a ambos lados de un interminable pasillo. Mi chica se sitúa tras una cortina y me invita a pasar junto a ella. Una vez dentro no duda en iniciar todo un striptease, trata de seducirme con sus cadenciosos movimientos y con su mirada. Ahora sí que estoy tenso. Me encanta ver caer sus cabellos cobrizos sobre su blanca piel, tras abordar un pequeño salto en el precipicio del cuello de su camiseta.
Puedo comprobar de un vistazo que, junto al compartimento tras el que ocultamos el cuerpo desnudo de mi chica hay alguien más. Veo unos bonitos pies desnudos tras la mampara que separa cada compartimento.
Mi chica solicita mi opinión: ¿te gusto así? sí, por supuesto que sí ¿y así? bueno, mejor antes...
La música no está tan elevada en estos "reservados" por lo que hay que llevar cuidado con los comentarios obscenos que puedan terminar en los oídos de otros. Se oye un suspiro al fondo, aunque parece un suspiro decepcionado.

Cuando estamos en lo mejor de todo mi chica comienza a vestirse de nuevo y me insta con la mirada: vámonos.
Mierda, yo también suelto un decepcionado suspiro cuando compruebo que todo termina cuando la dependienta de Zara, con una sonrisa ausente (ya que no hay un sueldo que se la pague) pasa la tarjeta de mi chica para cobrarle 60 putos euros.