13 may. 2008

Dios, Franco y don Santiago Bernabeu

Se decía antiguamente (bueno, decía Alfredo Landa antiguamente) que Dios, Franco y Don Santiago Bernabeu era en lo único en lo que se debía creer.

Al primero no he tenido el gusto de conocerle, aunque desde pequeño las personas encargadas de mi "fe" se empeñaron en convencerme de que yo y algunos más le debíamos una disculpa por haberle hecho mil perrerías para luego colgarlo en una cruz (la raza humana en general, vamos).

Del segundo tampoco sé demasiado, lo que dicen los libros de Historia, pero claro, todo depende de quien lo escriba. Que si Franco hizo esto, que si Franco hizo lo otro... No puedo opinar sobre este señor que mantuvo una dictadura durante 40 años en España y que murió unos pocos años antes de nacer yo. Es como si tuviese que dar mi opinión sobre Atila o sobre Alejandro Magno, Napoleón... es tan solo un personaje de libro.

A propósito de dictadores oí decir alguna vez a alguien que los locos y peligrosos no eran los tiranos sino los aborregados que les seguían la corriente.

Del tercero poco que decir... Me aburre el fútbol (creo que queda todo dicho).

De esto saco conclusiones sin proponérmelo. Para que a uno lo beatifiquen y lo tengan en consideración de dogma hubo un tiempo en que o bien habías modelado e insuflado vida a todo el universo, o bien tenías extremas ideas de cómo dirigir una nación, o bien debías ser futbolista... cómo ha cambiado la cosa ¿o no?

Desde aquí propugno mi particular dogma de fe que dista un poquito del anterior:

Yo, Yo y Don Ricardo Codorniú... y me explico:

Yo soy mi juez, mi protector... en quien quiero creer por encima de todas las cosas.

Yo soy quien dicta mis actos, mis pensamientos, mis obligaciones, mis prohibiciones...

Y si he de admirar a alguien será a la persona que en tardes como hoy permite que me deleite la visión de algo tan espléndido:


Don Ricardo Codorniú apodado "el apostol del árbol". El ingeniero de montes que promovió la reforestación de Sierra Espuña (claro que promover no es igual a plantar una a una cada semilla, todo hay que decirlo).
Pero es a quien debo agradecer ese mosaico verde que cubre una superficie de aproximadamente 25.000 hectáreas. Creo que la vida aquí sería mucho más triste de no ser por cada uno de estos "hijos" del señor Codorniú.
(Dios, si estás ahí, si realmente estás ahí creo que también habría de darte las gracias por esto...)

¡Ah, por cierto! Si alguien tiene unos dogmas distintos que lo diga... mi interés es puramente antropológico.


0 opiniones: