26 may. 2008

Intento desesperado de la naturaleza para librarse de nosotros

Lo que expongo a continuación son fragmentos de una noticia real aparecida hoy en el diario La Opinión de Murcia:

LA CONCEJALÍA DE SANIDAD DE CARTAGENA DESTRUYE LOS NIDOS DE GAVIOTAS PARA EVITAR QUE ATAQUEN A LOS VECINOS (en terminología bélica esto es lo que se llama un ataque preventivo)

Declaraciones lanzadas desde la concejalía de Sanidad: "Hemos reducido la población de palomas pero ahora nos preocupan las gaviotas, una especie agresiva, y hay que evitar que colonicen porque su vida suele superar los 25 años" (¿Sólo 25?)

Declaraciones de vecinos afectados por las aves: "La alada madre se encaramó a una salida de humos y comenzó a graznar congregando a los suyos que, pronto cubrieron el cielo con actitud amenazante" (¿Cómo es la actitud amenazante de una gaviota? ¿Vierten espumarajos por la boca?)

Las declaraciones son espeluznantes. ¿Es esto el argumento de una mala película sobre plagas? ¿O se trata de una metáfora de la Guerra contra el conocimiento que viene sufriendo Irak? Parece ser que no...

Viendo el peliagudo (o plumiagudo, chiste fácil) asunto desde el punto de vista de los vecinos, o de la realidad de las oficinas de la concejalía de sanidad, simplemente es un problema de plagas que conviene solucionar lo antes posible.

Pero me gusta hacer de abogado del diablo y me voy a poner del lado de esas amenazantes y agresivas gaviotas.

Parece ser que el ser humano, envuelto en la estresante vida del siglo XXI, rodeado de bluetooths, PDAs, dinero de plástico y coches con cepillo e hilo dental incorporado de serie, olvida a menudo dónde está.

Si sucumbo ante un flash-back que me viene a la cabeza, me veo en los tiempos del colegio oyendo algo de que nos encontramos en un ecosistema en el que conviven los diferentes tipos de organismos: depredadores, productores, descomponedores...

El ser humano es el depredador por excelencia. No sólo hace y deshace a su antojo (porque no existe otro organismo con una capacidad de raciocinio suficiente que se lo impida) sino que además, le joroba bastante que venga otro organismo a tocarle los ecosistemas.

Deberíamos darnos cuenta de que pese a que construyamos gigantes edificaciones, aunque distribuyamos y delimitemos los territorios a nuestro antojo, aunque creamos dominar el agua, el fuego, el cielo y la tierra, esta bola azul y verde no nos pertenece... o desde luego, no nos pertenece más que a esos agresivos y amenazantes pájaros que sólo desean sobrevivir... como cualquier mileurista cuando se avecina fin de mes, aunque de forma distinta.

Igual preferiríamos que todas esas aves se apelmazaran en los vertederos, donde no nos incordien, allí donde enviamos todo aquello que no deseamos.

Es propio también del ser humano pensar que la nuestra es la única mierda que no huele.

2 opiniones:

Anónimo dijo...

No me gustan las palomas. Vivir con mierda provoca enfermedades.

Eric F. Luna dijo...

Jajaja, vale.
De todas formas eran gaviotas, no palomas.
Pero estoy contigo: vivir con mierda provoca enfermedades...