12 may. 2008

Los dioses están inquietos

Los dioses están inquietos.

Desde la pasada semana el cielo nos viene entregando su llanto frío y los nubarrones aún no se han disipado.

Una noche desperté, sorprendido por el clamor de los dioses retumbando en mi persiana. El cielo se estremecía, crujía, se rompía en miles de pedazos. Tuve que rescatar a mi perro (al que tengo arrendada una parcela en la terraza junto a mi cuarto) de la tempestad.

Desde el espacio que quedó entre la colcha y mis párpados observaba la oscuridad, divagando acerca de lo que podía estar pasando... Hace tiempo que el cielo no se comporta así ¿Qué ocurre?

Dicen que después de la tempestad llega la calma. Pero lo que yo he visto llegar tras la vorágine de agua y electricidad no se asemeja a la calma:

Una epidemia de tristeza (como diría el maestro Sabina)

Los seres son cada vez menos. Lo inanimado no se anima, ya que no tiene alma.

Yo cada vez llevo mejor mis depresiones post-dominicales pero otros no.

Si esto es lo que trae consigo el cielo hediondo del siglo XIX, no lo quiero. Ni para mí, ni para nadie.

Al menos, en los tiempos del antiguo testamento, el cielo sólo dejaba las secuelas de alguna plaga mortal o una simple lluvia de azufre. En fin, corrían tiempos mejores.

1 opiniones:

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho; ojala cada vez que lloviera viniera la calma y desapareciera el caos que reina por el ser "humano".