15 ago. 2008

De vuelta de todo...

Querido blog:

Acabo de regresar de vacaciones. Lamento haberte descuidado tanto tiempo pero hay trabajos en los que uno debe y puede ausentarse unos días con la excusa de las vacaciones, para que no le estalle la cabeza en pedacitos (hay otros trabajos en los que, desde mi humilde punto de vista, no sabes hasta qué punto son necesarias las vacaciones... es decir: ¿se toma el Rey, vacaciones? ¿por qué? y si lo hace... ¿cuando viaja por vacaciones, hasta qué punto es una visita oficial? Porque si lo es, es trabajo ¿no?...

Durante mis vacaciones no hubo intoxicación por ensaladilla, ni picaduras de medusas, ni paradas obligatorias por el chiringuito playero de turno.
Aunque sí hubo algo de kebab enpapelaluminiado para cenar, algo de karaoke cutre para reposar la cena y un eco lejano de alardes olímpicos con una canoa de alquiler.

Pero lo mejor de todo es ese olor: libertad.
La libertad huele un poco a costa, a sol que cae a plomo desde el cielo y a protector solar que me procura un escudo que manda los rayos ultravioletas a tomar viento.
A agua salada que se introduce por tus vías respiratorias y que por décimas de segundo hace que vislumbres una luz al final del túnel.
A zumo de cebada de a 3 euros la quinta parte de un litro y a camarero marronero de dos metros de alto por dos de ancho, cubano y con cara de pocos amigos que, por un momento, hace que se te olvide la idea de quejarte por el precio de las cervezas.

Ayer, regateando con las últimas migajas del presupuesto vacacional fuimos a ver la última de Batman y terminé satisfecho con una interpretación tan maquiavélica del nuevo Joker...

Lo mejor de todo es que, tras saborear algo de esa libertad, uno vuelve con una sonrisa tonta en la boca que el día a día irá borrando a base de bofetadas, pero todavía es pronto para eso...

Querido blog... estoy de vuelta.

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