16 ago. 2008

Miedo y asco... en el Foster's Hollywood (1)

Entramos en el local yo y mi acompañante.
Nada más cruzar la puerta un cartel de tipografía anti-miopes detiene nuestros pasos: Espere a ser atendido.
Aunque en realidad, todo sucede tan deprisa que ni hemos de esperar a ser atendidos. Un camarero de rostro ajado por el estrés se abalanza hacia nosotros.

-¿Os indico dónde sentaros?
-Humm... sí.
-¿Aquí os parece bien? ¿Qué tal aquí?
-Eh, bien... ¿no?, interrogo con la mirada a mi acompañante.
- ... Sí, bien, aquí..., responde ella.

Aún no hemos tomado asiento cuando ya el camarero ha hecho volar un par de menús sobre nuestras cabezas y, ansioso, continúa inquiriendo:

-¿Qué os apetece beber?

Lo observo detenidamente, preguntándome de dónde surge tanta impetuosidad. ¿cafeína? ¿exceso de sal en las patatas?... No, nada de eso, recuerdo que yo también he sido camarero y que esa actitud se debe a otro tipo de sustancias. No sabría concretar, es una hormona aún desconocida por la ciencia que es producida por el organismo de cualquier currela al que tanto los jefes como los clientes le vienen apretando las tuercas.

-Vamos a pensarlo, gracias, digo compadeciéndole en cierto modo.

Mi pareja y yo nos sonreímos mutuamente en un gesto mitad complice, mitad cómico.
El propósito de todo esto es simple: queremos comprobar qué tal es la comida de un local que presume de servir auténtica comida americana. El siguiente paso a ejecutar sería, muy posiblemente, buscar a un cura que nos de la extremaunción y confiese nuestras culpas. Todo a su debido tiempo.

Veamos la carta: Los manjares que se ofrecen (ambrosía pura, léase ironía en la Wikipedia) vienen listados conforme al origen nativo de cada uno de sus platos. De esta forma nos topamos con la cálida pitanza tejana, la picante comida mejicana, las delicias cosmopolitas de la costa este...

Mi pareja eleva las cejas en un gesto claro de que ha estado calculando, a grosso modo, las calorías de lo que nos vamos a meter al cuerpo.

Después de recorrer la carta en busca de una comida apta para unos paladares tan exquisitos, decidimos llamar al camarero.

Mi acompañante se decide a pedir un plato llamado new york open sandwich que consiste, básicamente, en una tostada oculta tras una enorme masa de mayonesa con algún trozo de atún que cayó allí por casualidad.
Yo decido apostar fuerte. No hemos venido aquí para nada, además necesito dosis de acción para el relato. Me decanto por un burrito juancho. Alimentos hasta ahora desconocidos por mí descenderán por mi garganta envueltos en salsa de chili.

Pedimos dos tanques helados de cerveza (la más grata de mis sorpresas), mientras esperamos la comida... y ¿por qué no? pedimos al camarero que nos traiga una suculenta ensalada con beicon, que al mismo tiempo, es la más "sana" de las ofertadas.

Estoy algo inquieto por la comida. Me iría bien echar un cigarro... ¡ah, no! ¡se me olvidaba! para los americanos fumar está mal visto. Así que puedo entorpecer mi flujo sanguíneo con cantidades ingentes de colesterol pero no con nicotina, claro...

Creo alucinar por la ansiedad cuando veo a un grupo de personas que se agolpan malhumoradas en la puerta del local.
El camarero estresado que lleva nuestra mesa hace un llamamiento a la calma:

-De momento no hay mesas, les dice, pónganse en orden y les iremos asignando según vayan quedando libres.

Observo sus caras. Les veo estremecerse. Se estremecen como zombies que no entienden porqué no pueden entrar en el local y comenzar a degustar cerebros.
En ese momento llega nuestra comida. Me quedo fijamente mirando mi plato, dudando si preguntarle o no al camarero qué clase de sustancia adictiva emplean para aliñar esta mierda. Paso, creo que paso...

Cuando doy primer bocado a mi burrito juancho profetizo que la que hay sobre mi mesa no será la única cerveza que me beba. Arde. Arde como hubieran hecho esta comida en las cocinas del averno, sobre un montículo de azufre y luego la hubieran rebajado con enormes cantidades de salsa picante, porque de lo contrario no habría boca humana que tragara aquello. Creo que el cura no será suficiente. Tal vez un concilio bastaría para librarme de la condena en el infierno.



Continuará...

6 opiniones:

Antonio Rentero dijo...

Vaya, lamento la experiencia, pero si te gustan las hamburguesas la próxima vez dale una oportunidad. Las hacen realmente deliciosas, absolutamente nada que ver con McD y BK... para empezar, te preguntan "¿como la quiere? ¿poco hecha, al punto, muy hecha?". Y están realmente buenas, en serio.

Eso si, la sensacion de ser tratado de manera estajanovista es inevitable... supongo que lo mejor es ir entre semana, que no hay tanta gente y la cosa resulta menos espídica.

Anónimo dijo...

Yecima pensarás que sabes escribir.

Anónimo dijo...

Gensanta, le dejan abrir un blog a cualquiera ya...

Anónimo dijo...

Da asco leer semejantes sandeces de un "tiquismiquis" como usted, si no quiere picante porque pica mas que el fuego del averno, es usted un exagerado, desde luego, para que narices lo pide? Es mas, para que narices va a este tipo de restaurantes? Quedese en su casa comiendose su verdurita y aliñandola con tabaco y deje de dar por saco

Anónimo dijo...

Pues a mi en el foster de valencia casi me matan. Fui a cenar una noche y al otro día tenia que madrugar por que viajaba. Me comí una hamburguesa con patatas. El pan estaba viejo pasado todo estaba horrible y viejo y pasado. Al otro día me fui a mi viaje. En La mañana ya amaneci con fiebre de 40 grados el estomago me quería estallar de dolor era un dolor que jamás había sentido en mi vida. So de las personas que come de todo jamás me enfermo y con rareza algo me cae mal. Dure una semana estoy totalmente segura que fue la comida del foster totalmente que asco jamás volví a comer en ese sitio . No les importa las personas caso me matan dure una semana con fiebre un dolor en el estomago inaguantable. Sin unos cerdos cochinos que solo venden mierda y porquerías vencidas

Anónimo dijo...

Todo lo que he comido en el Foster es de calidad, y se lo digo porque a parte de haber consumido su comida, he trabajado allí y lo sé de primera mano. Así que yo le pregunto, ¿a santo de qué escribe usted esta reverenda mierda? ¿Se aburría? Saludos.