17 jun. 2009

He vuelto... para irme

¡Cómo son las cosas!

Uno intenta que no le afecten las cosas del mundo exterior: el trabajo, el estrés, las conversaciones recogidas por la calle, la lluvia en junio, la tensión política intercontinental, la subida del petroleo y el tabaco (que vienen siendo lo mismo), la bajada del Euribor (¡Bien, coño, bien!)...

Pero es imposible.

Uno está hecho de todas esas cosas, y la mayoría de las veces ni te das cuenta.

Hace ya bastante tiempo que dejé abandonado este blog. En principio fue por causas de fuerza mayor: independencia de la casa de papá y mamá, ausencia de internet, etc, etc.
Pero finalmente, todo esto acabó convirtiéndose en una gran excusa con la que librarme de hacer algo que ya no me apetecía seguir haciendo: Utilizar la escritura para lanzar ladrillazos a diestro y siniestro... Una crisis por aquí... ¡toma ladrillo!, alertas pandémicas por allá... ¡toma ladrillo!

Puro Olor a Incienso, como ya dije en un post anterior, se creó primero en formato de una serie de artículos para una revista cultural. En ellos, yo defendía a capa y espada mis argumentos y cargaba contra todo lo que mi intelecto pensaba que no era correcto... La poesía es un arma cargada de futuro, que decía Gabriel Celaya.
Yo hoy, definitivamente, arrojo esta 9 milímetros y vuelvo a coger la pluma con una única intención: el simple y llano placer de escribir y contar.

Aunque no me gusta la palabra fin, esto es el FIN de Puro Olor a Incienso.

Sólo me queda desearos lo mejor a todos los que alguna vez dejasteis una pequeña huella en forma de comentario, o a los que simplemente os gustaba pasar por aquí a leer y evadiros un rato.

Eso sí, esto no ha hecho más que empezar, sólo que esta vez en un nuevo blog llamado Los Dominios del Rey Cerilla.

Será un placer volver a encontrarnos por allí...

28 abr. 2009

Pandemia

¡Atención!

Les informamos de que un nuevo virus ha llegado a nuestro país.
Se desconoce cúal es su origen exacto, pero creemos que un virus similar ya hizo su aparición en tiempos remotos. Como todos sabemos, uno no puede estar confiado: los virus evolucionan con el tiempo.

Les recomendamos no salir de sus casas.

Según los expertos, las mascarillas no sirven para nada en este caso. Aún no se ha determinado si el contagio se produce por la sangre, la saliva, el aire, el papel impreso, las ondas de radio o por wi-fi.

Su nombre es Pánico y lo único que conocemos de él hasta el momento es que hará aumentar los casos de hipocondría, así como los beneficios en bolsa de multitud de corporaciones farmacéuticas.

Para mayor seguridad, les recomendamos que sigan los boletines de última hora que emitiremos hora tras hora, tras hora...

20 abr. 2009

No tengo excusa...


Una no, desde luego: cientos de ellas.

Lo cierto es que a dia de hoy, por h o por b, no tengo forma humana de actualizar el blog tanto como me gustaría.
¿Las razones?
Debe ser cosa del cambio de trabajo, una inmediata emancipación, estar sin internet, el cambio climático, la crisis económica... Y para más inri, me encuentro volcado de lleno en mi primer proyecto literario serio al que dedico cada minuto que no estoy trabajando o durmiendo.

Realmente me fastidia dejar de escribir para los que siguen este blog fielmente, pero estoy intentando ser Dios y no llego ni a mártir.

En fin, prometo desahogarme y buscar la forma de seguir publicando, hasta que logre estabilizar todo esto, pero de momento...

Un saludo afectuoso a todos aquellos que estais siempre al pie del cañón y que teneis unas bitácoras que bien merecen una misa (o unas cervezas en el bar, que lo de la misa era por decir).

Prometo pasarme por cada casa para avisaros personalmente cuando vuelva al ataque.

Mientras tanto, intentad ser todo lo felices que os dejen.

24 mar. 2009

Brainstorming

Ayer Spiderman salvó a un niño. No lo digo yo, sino la prensa, que de por sí es muy dada al sensacionalismo.

Y es que aún hay gente que actúa pensando en los demás, por extraño que parezca (ya sabéis, en este mundo en el que todos estamos tan conectados como distanciados).


Ayer lo hablaba con mi chica:

¿No lo ves? No hay suficiente comunicación. Si la gente en el mundo tuviera una consciencia fiel de cómo viven y malviven muchos millones de personas, si existiera una comunicación real entre nosotros, si pudiéramos tener presente por un momento que existen niños de diez años que en lugar de manejar con maestría el mando de la Wii, saben usar un AK-47 como nadie y que no dudarían en reventarte el bazo por menos que nada… si pudiéramos tan sólo tener esto presente cada día, tal vez, y sólo tal vez este planeta aún tendría remedio… Lo cierto es que somos TODOS unos EGOÍSTAS.


Claro que ella me hizo ver la otra cara de la moneda:

Nuestros problemas no son menos importantes. ¿O acaso no hay gente que sufre por desamor, por estrés, por ansiedad, por frustración?... Pensar en nosotros no es sinónimo de egoísmo, es una tendencia natural. El amor empieza por uno mismo. Lo que debemos hacer es procurar llevar a cabo aquellas cosas que te hacen sonreír a ti y a los que te rodean.


Yo sí que no pude evitar sonreír. Yo estoy en guerra contra un mundo que está en guerra contra mí y el resto de los hombres. Ella aboga por querernos más en un mundo en el que no quererse implica estar perdidos. Misma moneda. Dos caras. Equilibrio y esas cosas.


Por separado no arreglábamos nada, pero juntos éramos capaces de hallar la solución al enigma, el despeje de la “x”:

Un hombre solo no puede arreglar el mundo, por consciente que sea de lo jodido que está (Por el amor de Dios, si hay brokers que juegan a la bolsa con mi cáncer de pulmón en desarrollo).

Preocuparse de los problemas de uno mismo tampoco soluciona nada más allá de las fronteras de la puerta de tu casa…

¿Qué hacer?

Partiendo de ambas hipótesis, lo más lógico parece ser que cada cual haga habitable su parcela de vida, que cada cual arregle su mundo y el de la gente que hay a su alrededor. Depositar la esperanza en una ola de honestidad que, en crecimiento exponencial, barra con la mentira, el odio, la humillación y la violencia global.

Y sobre todo con la pillería. La puta pillería del presidente corrupto, del empresario corrupto, de tu vecino, el muy corrupto. Con lo jodidamente bonita que es la inocencia…


¡Oh, Spiderman que estás en los (rasca)cielos, si me escuchas… ven a salvarnos!

Retiro

El autor de este blog ha estado ausente debido a un retiro espiritual.
Durante su ausencia ha tragado agua de mar, ha devorado páginas para después provocarse el vómito, ha ascendido el monte de Venus y le ha salido una cana.
Espera que sepan disculparlo.
Gracias.

11 mar. 2009

Humo (oda a una bocanada)


Voy detrás de ella, oliendo y disfrutando el aroma de su cigarro. Mis ojos se obcecan con su trasero. Majestuoso. Ese cigarrillo que humea entre sus dedos no es ninguna causa de muerte de millones de personas, sino el transporte de los besos que ella se reservó.
Y ahora ese humo me pertenece. Es mío. Recorre mi laringe de paso hasta mis pulmones. Me gusta ser su fumador pasivo. Me gusta ser adicto a sus bocanadas.
Deseo fervientemente todo el daño que ésto me pueda procurar.

9 mar. 2009

Frases... de libro (14)


"El pintor ciego que había alcanzado fama mundial fue entrevistado por un periodista. A la pregunta de si desearía recuperar alguna vez la visión para, así, poder contemplar sus propias obras, el pintor respondió: No, realmente no. Me horrorizaría comprobar que todo lo que hago es una porquería y que ustedes me aplauden sólo porque me tienen lástima."

De El imperio de Chu (Manuel Moyano)

4 mar. 2009

Olor a incienso puro

Hace un tiempo, un año exactamente, tomé una pequeña pero determinante decisión:
Mudar un modesto blog con este mismo nombre (Puro olor a incienso) a Blogger.
Unos meses atrás un colega de toda la vida (que, por supuesto, lo sigue siendo) me invitó a formar parte de un proyecto de red de blogs temáticos, sabiendo como sabía que yo soy un fanático de la letra impresa y que escribir me libera.

La cosa no fructificó demasiado: mi blog era de los menos visitados, la publicidad en mi bitácora la menos rentable.
Había un blog gastronómico y un blog de moda, un blog de cine y otro blog dedicado a la música... y luego estaba "mi blog": Un sitio en el que un individuo (yo) quería plantear su visión del mundo. No porque pensara que ésta era extraordinaria ni privilegiada, sino porque estaba seguro de que más allá de todo ese conglomerado de piezas que componen la vida diaria, tenía que haber muchísima más gente que pensara como yo. Estaba seguro. Yo sólo pretendía romper esa cáscara.

Ahora, cuando veo vuestros comentarios, lo he de reconocer: sonrío. Este blog había llegado a convertirse (sobre todo en su primera etapa) en un pulso conmigo mismo, en una partida de frontón, en una masturbación ante el espejo cuando no había nadie al otro lado.
No es que eso me decepcionara. Escribí al menos seis meses sin obtener apenas respuesta. Simplemente me había acostumbrado a ejecutar mi monólogo, a aprender de mí mismo, a darme cuenta de muchas cosas al verlas escritas, a dejar mis dedos cabalgar por el teclado para que no oxidasen a la larga.

La razón por la que este blog se llama así es algo que sabe poca gente: Hará un par de años, cuando comencé a escribir para una revista cultural, inauguré mi columna de opinión con un artículo que se titulaba de esta forma.
Recuerdo que para escribirlo me puse ante el ordenador y encendí incienso. Es algo que yo nunca hago, pero sólo trataba de hacer de aquello algo ceremonial. Para inspirarme, vamos.
Y creo que me inspiré.
Hice del blog la válvula de escape de esta olla a presión que tengo sobre los hombros y con más ímpetu si cabe, al veros aparecer uno a uno.

Estoy satisfecho (creo), voy a dejarme caer sobre el respaldo, a exhalar humo, a rascarme la barriga y a escuchar buena música.P.D. Perdonad que no os conteste a todos los comentarios, pero la Gran Crisis Mundial ha llegado a afectar a mi tiempo. Sin embargo, siempre saco tiempo para leerlos. Y para leeros.

26 feb. 2009

Cadenas


¿Qué otra cosa son las cadenas sino una prolongación del acero, cuya extensión vendría determinada por el número de eslabones que posea?

Infinitas piezas, aparentemente inconexas pero unidas entre sí por el vacío que existe en su interior.


Cadenas.

Esa palabra es polivalente. Desde las cadenas de los coches, hasta las cadenas de oro, pasando por el uso de la cadena dentro de la iconografía religiosa; parece que las cadenas pretenden simbolizar dos cosas: aprisionamiento (o recogimiento) de lo que hay en torno a la cadena y continuidad.


A mí, las cadenas que me preocupan hoy están forjadas en otro material, casi imperceptible, pero igualmente duro y resistente: Las cadenas en torno a nuestras relaciones sociales.

Os hablaré del caso de un joven, hijo de un ex concejal socialista natural de Lazcano (Euskadi). Un joven, que hará unos días protagonizó uno de los momentos más tensos (a mi parecer) de los vividos entre víctimas y radicales de izquierda en aquel lugar.

Supongo que todos o casi todos conoceréis, a estas alturas, lo ocurrido cuando la vivienda de este tipo se vio afectada por el efecto de una bomba colocada a escasa distancia de su casa, en la casa del pueblo del PSE, concretamente.



Tan sólo otra cadena más que se perpetúa, como si un alquimista desalmado hubiera dado con la fórmula para convertir el metal en odio.

Una cadena bastante larga, quizás mucho más larga de lo que este joven haya llegado a imaginar. Una cadena que quizá se remonte a las persecuciones sufridas por los antecesores de estos radicales en tiempos del franquismo.

O quizá debiéramos remontarnos mucho más atrás…


El resultado, sin embargo, es desalentador.

El tipo se despachó a gusto con las cristaleras del bar abertzale, pero de esta forma sólo consiguió aportar un eslabón más a la cadena. La violencia engendra violencia, ésta es una máxima de lo más cierta.

La respuesta de los radicales, como no podía ser de otra manera fue la amenaza a muerte, porque todo aquel que dice, hace o piensa de manera contraria a los violentos en Euskadi es un fascista y no merece vivir.


No voy a entrar en juicios morales sobre quién tiene derecho a dar pataletas y quién no, sobre quién termina explotando junto a una bomba y quién debería de hacerlo.

No hablaré de justicia. No soy Dios, ni juez. Sólo un mero observador.

Mi reacción ante su indignación fue similar a la que pueda tener cualquiera de nosotros: yo habría hecho lo mismo.


Estamos rodeados de cadenas y éstas se expanden eternamente. Se expanden, sobre todo, cuando en situaciones difíciles hacemos lo mismo que habrían hecho otros… que suele ser dejarnos llevar por pensamientos viscerales.

¿Cuándo se romperán todas aquellas cadenas forjadas por el odio?


Nota: El principal motivo por el que me he sentado a escribir este post es que una persona muy cercana a mí ingresó ayer en un hospital de urgencia. Aquejado de un gran malestar, estuvo dando tumbos por el centro sanitario hasta que ya, rozando la madrugada le dieron el alta.

Esta persona me ha comentado cómo sufrió un trato de lo más desagradable y vejatorio por parte del médico que tenía asignado. Probablemente el doctor tendría sus motivos para estar de tan mal humor. Probablemente.

Este post es lo que ha evitado que coja el coche para salir en busca de ese médico y hacer de mi venganza otro eslabón más de esa cadena.

Por otro lado, le tengo mucha estima a mi parachoques nuevo.


25 feb. 2009

Mi sitio (tragicomedia existencial)

De pequeño siempre tuve una percepción muy amplia de lo que solía llamar "mi sitio", creo que mis padres aún recordarán aquello.
No sé porqué motivo tendía a identificar el país donde vivía con el territorio donde me correspondía vivir.
Es decir, al igual que muchos niños ante un mapa de España tienden a señalar un punto concreto con el dedo mientras exclaman "aquí es donde vivo yo", yo solía hacer lo propio frente a un mapa mundi. Señalar esa península que siempre me ha recordado a la cabeza de Wilma Picapiedra y exclamar: "Aquí es donde vivo yo".

Unos años después comprendí que no era así. El territorio patrio albergaba demasiadas diferencias en su interior como para considerarlo algo propio. Diferencias culturales, lingüísticas, sociales... pero diferencias importantes al fin y al cabo.

Más adelante adopté mi patria chica (mi localidad natal) como lugar que podría considerar como propio, como emblema identificativo de lo que soy y de lo que represento. Durante años fue así, me sentí orgulloso con el lugar que ocupaba en el mundo, pero los años me fueron mostrando facetas desconocidas hasta entonces, que me fueron desencantando de ese concepto "reconstruído" que yo tenía acerca de cuál era "mi sitio".
La guinda la puso, ya en su momento, la aceptación de un plan urbanístico que consentía la construcción del doble de viviendas de lujo que habitantes tiene la localidad. Los verdes dejaron dicho que el cese de las obras es lo único bueno que ha traído esta crisis.

Pasan unos años y "tu sitio" es cierta gente, cierto ambiente, cierta forma de vestir.
Poco tiempo después "tu sitio" se ve reducido a tu coche, es más, apenas sales de él, haces vida en él: comes en él, bebes en él, duermes en él... y eso otro también, en él.

Adquirir una vivienda (desafortunada decisión) también cambió mi apreciación sobre qué era "mi sitio". Aunque, seamos francos, ya desilusionado con las fantasías infantiles, nunca llegué a convencerme de que ese espacio fuera realmente mío. Que va hombre, sabía perfectamente que ese "sitio" era del banco, que me lo prestaba durante cuarenta años a un precio muy alto y cuando ya no lo quisiera (por estar viejo y deslucido) me lo regalaba. (Nota: La semana pasada fuí a ver a un colega a su piso nuevo. Había dado un fuerte golpe en la pared para clavar en ella un elemento decorativo y como consecuencia de ello se habían caído tres losas del techo).

Y así fue complicándose el asunto. Mi habitación en casa de mis padres tampoco podía ser "mi sitio", me planteaba. También está hipotecada.

Sólo quedaba una solución:
Internet.

Todo el mundo lo sabe. Pregúntale a cualquiera dónde hallaría la respuesta a la pregunta más compleja que se le presente. ¿Cuantas veces habré oído aquello de ¿por qué no lo miras en internet?? Todo está en internet. ¿Por qué yo no?

Ojo. Digamos que tú llegaste a la misma conclusión que yo y, digamos que dentro del amplio abanico de "hospedaje" elegiste lo que mejor se adapta a tus necesidades (un blog adosado, un photolog con vistas...).
Pues yo te confesaré algo: Cada vez que paso por este barrio, veo un par de puertas cerradas. Las típicas puertas de las que desconfías, de las que no tienes claro si debieras abrirlas, porque no tienes claro qué hay más allá.
Pongamos por ejemplo que en una de esas puertas hay un cartel que pone Facebook, es una de las puertas de moda. La gente que hay tras Facebook es gente que ya no sale de casa sin algún artilugio que haga fotos. En Facebook hay vidas reales on line. ¿Qué pasa si de repente Facebook decide cerrar la puerta y decir que todo lo que hay dentro es suyo?... Desde luego, lo que no puedo evitar es que me hagan reír noticias como ésta.

Alguno pensará que es similar a lo que pueda hacer cualquiera desde un blog, pero para mí no es lo mismo. Me gusta porque aquí no soy quien soy. Soy quien me gustaría ser.

Tal vez este no sea "mi sitio", pero al menos es como mi casa de veraneo.

18 feb. 2009

Frases... de libro (13)

"El miedo es la mercancía más valiosa del universo (...) Encended la televisión, ¿Qué veis? ¿Gente vendiendo productos? No: Gente vendiendo el miedo que teneis de vivir sin sus productos"

De Guerra Mundial Z (Max Brooks)

17 feb. 2009

El lugar donde desayuno es un bar de viejos



Llevaba tiempo queriendo escribir acerca de este sitio:

Llega el lunes y con él, el trabajo. Creo que le tengo algo de manía a los lunes por eso. Los lunes son los días en los que me suelo plantear cómo sería el mundo si no existiera el trabajo. Una ilusión infantil, lo sé. Pero luego veo a personas como Belén Esteban viviendo del cuento y vuelvo a creer en los sueños...

La única salvaguardia del lunes por la mañana la puedes encontrar en la hora del almuerzo. Al menos es mi caso.
Mi periódico, mi café, mi pitillo, mi rutina... La libertad, vamos.

El caso es que (de momento) trabajo de mañanas en un pueblecito de mar.
Cuando empecé a trabajar allí solía pegarme auténticas caminatas de la biblioteca a la cafetería que yo creía más cercana. Lo genial de aquello era pasar cada mañana junto al puerto, respirando el perfume del agua salada.

Una mañana, una compañera de trabajo descubrió un bar justo detrás de la biblioteca, tras un callejón. Una tasca frecuentada por la típica fauna mañanera, sin sorpresas: Jubilados amantes del coñac, obreros entrando en calor para la faena a base de taponazos de orujo, una vendedora de cupones con voz de soprano-verdulera y algún que otro guiri.

A mí no es que me disgusten estos sitios. Todo lo contrario, a uno se le recargan las gónadas de hombría cuando pasas allí unos cuantos ratos. Lo que ocurre es que yo hago algo que pone muy nerviosos a todos los parroquianos, camareros incluidos: No leo la prensa deportiva.

(Me gustaría aprovechar para hacer un llamamiento. Si hay entre los presentes algún varón al que le importe un cuerno quien saca un balón desde medio campo, quien chuta y quien detiene, por favor, que dé un paso al frente. Si unimos nuestras fuerzas tal vez la raza aún tenga remedio.)

En fin, el sitio no estaba mal... y cuando vine a darme cuenta ya no iba más lejos a desayunar. El entorno es amigable y cálido, cosa que se agradece en estas mañanas frías. Por otro lado, comparado con la quietud de la biblioteca, allí hay ambientazo a la hora de almorzar.
No sé, levanta el espíritu.

De modo, que el otro día, ya decidido a escribir sobre dicho lugar, me dediqué a contemplar el entorno que me rodeaba y a anotar mentalmente:
-Las botellas depositadas en la vitrina están casi vacías todas (no sé si eso querrá decir algo o no)
-Hay un toro de Osborne pegado en el centro de un espejo, signo inequívoco del sentirse español. No creo que signifique mucho más, bueno, quizás bravía, poderío, el toro luce orgulloso, con su par de...
-El camarero es prototípico: Calvo, ancho de hombros y de cintura, con cara de malos amigos pero afable en el trato, camisa de cuadros que siempre recuerda a la de ayer... Su mujer es aquella rubia, del fondo, que permanece siempre inclinada cortando algún tipo de ingrediente para confeccionar alguna de sus innumerables especialidades de tortillas.
-Juraría que hay un anglosajón de nariz sonrojada que se parece cantidad a Bukowski.
-De las conversaciones de los parroquianos pueden sacarse un par de conclusiones:

  • Cuando hace aire, en las zonas costeras, los vientos pueden alcanzar velocidades de 4.000 kilómetros/hora.
  • No tienen demasiado claro qué o quien es el G-20. Pero ellos saben perfectamente cómo solucionar esta crisis.
  • Si un policia joven no hace bien su trabajo habría primero que denunciarlo, luego que llamar al Caiga quien caiga y que todo el mundo lo viera y luego una serie de atrocidades que he censurado especialmente para este blog (piiii)...
En realidad, si visualizo parte por parte este conglomerado de experiencias no llego realmente a verle el encanto. Pero con una perspectiva de conjunto... Sí, es algo como... bueno, lo importante es que durante ese rato no estás currando.

14 feb. 2009

14-F


Hoy es San Valentín, dicen que San Ballantines para las almas solitarias.
Un día como otro, un sábado como el anterior.

Sólo un consejo:
No pierdan el tiempo leyendo blogs, dejen las rosas plastificadas y las cajas de bombones sobre la mesilla y pasen la tarde haciendo el amor.
Y punto.

13 feb. 2009

Manifiesto bibliotecario


Os aviso, hoy (y sin que sirva de precedente) cambio de tercio para ponerme en plan protesta por algo que creo que lo merece.
Menos mal que existen los blogs, si no no sé de qué otra forma podría hacer lo que me dispongo a hacer a continuación:

Hola, mi nombre es Eric F. Luna y tengo 24 años. Trabajo de bibliotecario a sueldo desde que terminé mi Diplomatura en Biblioteconomía y Documentación hará tres años (a excepción de todo un año en el que estuve dedicándome a la redacción, el diseño y el sostenimiento económico de una revista cultural local).

Mi trabajo consiste en "solucionar entuertos", por decirlo de algún modo. Trabajo para más de una empresa dedicada a ofrecer servicios bibliotecarios a bibliotecas públicas y otras entidades afines.
Estos servicios van desde la catalogación íntegra de sus fondos, hasta a servicios de préstamo, consultas por parte de los usuarios, etc...

Si estos servicios gozan de tanta demanda por parte de instituciones tan estáticas como son las bibliotecas públicas es por una causa muy concreta que bajo mi punto de vista es clave.
Copando gran parte de las plazas de funcionario de bibliotecas (que quede claro que hablo de la zona que yo conozco o en la que yo trabajo) hay dos tipos de profesionales:

-El/la bibliotecari@ titulado que lleva más de diez años con el culo sentado en la misma silla.
-El bibliotecario no titulado, que ocupa un puesto de bibliotecario porque ha estudiado una de esas carreras con menor demanda (llámese Historia, llámese Filología...), porque le gusta leer o porque es hermano, primo o cuñado de un concejal.

Quiero insistir en que me estoy refiriendo a un área concreta, muy marcada por tener una tendencia al enchufismo y al "ponte tú que te conocen de toda la vida".

Las dos especies de bibliotecario descritas arriba suponen un verdadero peligro ya que tienden a desestabilizar el sistema clásico de catalogación/consultas/prestamos de cualquier biblioteca.
Suele ocurrir que mientras el primer tipo de profesional tiende al acomodo y a no actualizar sus conocimientos en torno a la catalogación con nuevos S.I.G.B. u otros softwares, el segundo puede llevar a una biblioteca a convertirse en un almacén inutil donde se almacenan libros. Más que nada por desconocimiento de las técnicas y por el poco interés que se muestra a la hora de adquirir alguna destreza.

La gente, por lo general, no puede llegar a imaginarse lo que puede ser la trastienda de una biblioteca mal gestionada y desorganizada.
Es evidente que no somos médicos, de nuestro trabajo no dependen vidas. Sin embargo, he sido testigo de auténticas incompetencias que prefiero callar por educación a sus responsables, pero que serían inadmisibles en las oficinas de cualquier empresa privada.

Otro asunto es el de ciertas empresas constituidas por oportunistas informáticos que, conocedores de la posibilidad de rescatar los registros de los libros (que pueden ser correctos y completos o no) mediante el uso de ciertos servicios y redes de catalogación en línea, han visto la oportunidad de obtener beneficios al ofertar dicho servicio a precios ridículos, que devalúan la labor del resto de profesionales y que nos dirige, irremediablemente, a un futuro en el que todos los bibliotecarios podrán ser sustituidos por simios con lectores de códigos de barras.

Algunos podréis pensar ¿por qué ocurre esto? ¿no teneis un colegio oficial como otros tantos profesionales a través del cual poder tratar estas cuestiones? Pues bien, en el área al que me remito no lo hay. Esto es territorio comanche y cada uno salva el culo como puede.

El otro dia una chica de unos catorce años que vino a preguntarme por un libro me preguntó sin rodeos: ¿Qué hay que hacer para trabajar en la biblioteca como tú?, a lo que yo respondí: Pues estudiar una carrera, claro. Después de pensárselo mucho y tras mostrar una mueca de algo cercano al asco, ella respondió:
Joer, hoy en día hay que estudiar para ser cualquier cosa.

Bien, pues ésta es la forma generalizada de pensar con respecto a este colectivo.
Yo tan sólo exijo respeto a los profesionales (que los dejen hacer en paz) y, por supuesto, un servicio de calidad por parte de éstos.

Si hay alguien ahí al que le preocupa obtener un correcto acceso a la información, bien por ser un investigador o un simple estudioso de de cualquier campo, un ávido lector de novelas de intriga o bien por tratarse de algún estudiante de biológicas, empresariales o mecánica con urgentes necesidades de información, esto va para tí, para que sepas porqué nadie es capaz de encontrar ese libro o ese artículo de revista que tanto te interesa.

Si algún día al gobierno le da por comprobar la eficiencia del funcionariado, le sugeriría que comenzara por este gremio... Mira que si Otlet levantara la cabeza...

12 feb. 2009

Frases... de libro (12)


"Así soy yo, maligno, borracho, pero lúcido."

De la introducción a "La leyenda del santo bebedor" (Joseph Roth)

10 feb. 2009

Grítame tu amor, susúrrame tu odio

Hay momentos en los que uno necesita encadenar a las palabras, hacer que cesen, para poder ver más allá de tus narices, para poder escuchar más allá de tu conciencia.

Esta semana ha sido uno de esos momentos.

Hace poco, un 4x4 y mi Renault Laguna (mi Bestia Blanca) tomaron la decisión de emprender el mismo camino y, como suele ocurrir en estos casos, coincidieron en el espacio y el tiempo, provocando el siguiente resultado:



Tranquilos, no hay daños personales que lamentar, sólo emocionales (y es que uno le tiene mucho cariño a su coche)…

A poco de suceder el impacto, fue cuando encontré la necesidad de callar, escuchar, ver, pensar.
Cualquiera que haya sufrido un incidente de estas características sabrá que lo propio, tras salir del estado de estupefacción, es bajar del vehículo y poner el grito en el cielo. Clamar a los cuatro vientos algo así como un ¡¡¡mecagoentolaput…!!!
Bueno, pues cumpliendo con el protocolo comenzamos gritándonos el uno al otro. Manifestándonos de todo menos amor.
Cuando me percaté de que eso no me arreglaría el coche, le bajé los humos a mis vísceras. Él también lo hizo. Luego el tipo resultó de lo más honrado, pero esa ya es otra historia.

El caso es que aquella noche, antes de partir a pata hasta mi casa, mi pareja se despidió de mí susurrando un “te quiero” desde su portal. Y eso me dio que pensar…

¿Por qué el odio se expresa a gritos, mientras que el amor se declara en voz baja?

Meditadlo.

Bueno la cosa es que, cuando me toca ir a pie a todas partes, me da por pensar en estupideces de este tipo. En por qué dicen que los hombres no podemos hacer dos cosas al mismo tiempo, en por qué los relojes de los anuncios siempre marcan las diez y diez… o las dos menos diez; en si hay algo que nos mueva y que no esté motivado por el miedo, el sexo o el dinero. En por qué el tiempo de un cartero, un carnicero, un veterinario, una camarera, un electricista, un peón de obra, una secretaria, un bibliotecario… se empeña, aproximadamente, por unos mil euros al mes.

Ayer, de visita por la bitácora de un buen colega, me sorprendió una suerte de homenaje a éste blog y dediqué algunos minutos a pensar en lo curiosas que son las relaciones entre viejos conocidos, en cómo un pequeño gesto fútil puede hacerte sonreír (aunque tu te empeñes en estar de morros)

Sigo pensando en transcribir al papel un par de historias que rondan mi cabeza y mi cabeza no se toma un respiro y está que echa humo.

Aún sigo pensando y eso es un problema. Pensar coarta mis palabras.

¡Socorro, haced que pare ya!

3 feb. 2009

Lo difícil de mirarse al espejo


Tengo una amiga a la que una vez presté un libro que jamás pudo acabar.
Lo tuvo en su poder como dos meses para, finalmente, devolvérmelo sin haber finalizado su lectura.
En realidad se trataba de un libro cortito, de relatos. Pero al mismo tiempo se trataba de un libro cuyo autor sacaba a relucir algunas de las peores miserias del ser humano.
Esa era la razón por la que no pudo terminar de leerlo.

En una de las historias del nipón, una titulada "El límite de la felicidad", se narra la historia de un hombre que, según los cánones de la sociedad no tiene porqué sentirse desdichado, pero que sin duda lo es (ya que como se extrae de su lectura, la felicidad no puede radicar simplemente en tener una vída cómoda, un buen sueldo, una bonita casa...).

A mitad de esa historia tiene lugar un truculento incidente, que a mí (y por lo visto también a esa amiga) me sobrecogió sobremanera.
Es algo así: El protagonista aguarda en la cola del banco junto a varias personas más. Hay un niño que no para de berrear, de hecho, el lamento del niño es el único sonido que los clientes tienen que soportar estoicamente en un estado de semi irritación. De pronto, la madre del niño se hace con uno de los ceniceros metálicos que hay situados en cada lateral de la entidad y, ante el mutismo generalizado de la multitud, comienza a golpear a su hijo hasta que éste acaba tendido en el suelo sangrando...
...

Sé que ahora mismo estareis pensando que a qué viene esto. Seguro que estareis pensando que esto no es agradable y que no os apetecía leer nada parecido.

A mí tampoco me apetecía leer esta noticia hoy en la prensa.
Para los que no querais perder tiempo accediendo al enlace os la resumo:
A plena luz del día, en mitad de la estación de autobuses de Murcia, un hombre asesta patadas con violencia al cuerpo de la que un día fue su amada, la mujer que le aceleraba el pulso cuando aún eran novios, la persona a la que declaró amor eterno ante un dios de parroquia de barrio.
Mientras tanto, los vecinos pasan por su lado, observando la escena desde lejos, sin querer inmiscuirse, cerrando los ojos sin juntar los párpados (si es que tal cosa es posible).

Al contrario de la historia de Tsutsui, ésta no tiene un final amargo, sino agridulce. Un héroe anónimo (que es como se suele llamar a la gente que conserva un poquito la visión cuando el resto de personas ya no ven nada), un agente de policía fuera de servicio se percató de lo ocurrido e intercedió rápidamente. Persiguió al maltratador que pretendió darse a la fuga, hasta que, finalmente, otros agentes le impidieron la huída.
Y digo que el final de la historia es agridulce porque, en primer lugar, la víctima no reconoció la agresión. Más tarde, admitió haber sido agredida pero expresó su deseo de no denunciar al cabestro de su marido.

No sé. Yo entiendo que para erradicar casos de violencia como estos, lo mejor es penalizarlos no sólo ante un juzgado, sino también en la calle, por parte de todos nosotros, a través de miradas condenatorias, a través de nuestro entrometimiento, a través de oportunas y urgentes llamadas de teléfono que puedan salvar vidas... Entonces ¿Por qué la gente mira para otro lado? ¿Por qué evitan el dolor, la violencia, el sufrimiento...? ¿Porque no va con nosotros?

La reacción de la amiga a la que presté el libro no es de extrañar, sino más bien, algo propio de nuestra forma de ser. El dolor, la violencia, el sufrimiento no son agradables de ver, ni de leer, ni de escuchar, ni de padecer. Pero cuando la injusticia casi te salpica en la cara en forma de líquido rojo y espeso, se hace necesario mover ficha.

Lo que yo aún me pregunto, es cómo somos capaces todos (víctimas, verdugos, testigos...) de mirarnos al espejo cada mañana y empeñarnos en pensar que somos la forma de vida más inteligente en esta mierda de planeta.

Raro será que alguna mañana no me lie a pedradas con mi espejo.

29 ene. 2009

Dinero, mentiras y tarjetas de crédito


Voy a ser completamente sincero con vosotros. Os voy a contar algo que le pasó a un amigo... ejem... de un amigo.
Este chaval (un tío alto, sano, simpático) terminó sus estudios. Y como no se le ocurrió nada mejor que hacer pues se dedicó a buscar empleo. Encontró uno, por 900 euros al mes, era esclavizado frente a un ordenador, diez horas al día en un cuartucho de 5 por 2 metros.

Oyó la sinfonía de la primera nómina. Sonaba excelsa, celestial...

Un día, este amigo, escuchó los consejos de, llamémoslo de algún modo, el señor X.
El señor X sabía lo que se cocía por aquel entonces por el mercado inmobiliario y decidió aconsejar a este buen muchacho.
-Ahora es el momento de comprar una casa, -le dijo-, en el peor de los casos siempre podrás venderla.

Mi amigo, o el amigo de mi amigo lo pensó, lo meditó, caviló y caviló.
Al final llegó a una conclusión. No parecía haber nada malo en ello. No parecía tener ningún riesgo dicha operación...

Cuando esto sucedió, la burbuja inmobiliaria estaba inflándose e inflándose a un ritmo vertiginoso. Él no lo sabía en ese momento. Como tanta otra gente, se enteró después.
Tampoco tenía mucho sentido pensar de otra manera en aquel entonces.
Era como si los supervivientes de un tsunami, viendo ya a salvo las imágenes aéreas dijeran: ¡Ah, mira, por ahí venía, teníamos que haberlo visto antes!

El caso es que este amigo, a día de hoy luchando contra viento y marea y contra el euribor, cual capitán Ahab, medio enloquece al descubrir la verdadera cara de la Gran Ballena Blanca a través de documentos como éste:



Y me pregunto yo, ¿Cómo es capaz esta gente de enriquecerse a costa de que el mundo contraiga una deuda que no puede pagar?...
¡Ah, espera! Con el precario sistema educativo actual, con el que algunos llegan a la universidad sin saber hacer una raíz cuadrada, no tienen nada que temer...

(El vídeo lo he robado del blog de esta coleguita. Gracias por el préstamo a bajo interés)

26 ene. 2009

Excusas

Perdonad si no estoy muy hablador últimamente.

Esto se debe a que, además de este blog, estoy haciendo frente a un par de proyectos literarios y ando liado, entre otras cosas, con un curso de diseño gráfico que finaliza esta semana.

El curso, impartido por Salva Olivares, pretendía mostrar la forma de aplicar herramientas como Freehand y Photoshop al ámbito comercial y publicitario. No me apunté al curso pensando en el trabajo, tan sólo por ampliar conocimientos. De modo que cuando nos enviaron hacer dípticos y catálogos me pareció bien, pero no era suficiente.

Un día se me ocurrió (bueno, se nos ocurrió, a mi pareja y a mí) diseñar un juego de mesa. Como soy tan friki de las pelis de zombies (como lo es Javi de las de gangsters), decidí juntar ambas cosas... ¿el resultado?

Ciudad Zombie. Una especie de juego de la oca zombie, donde la misión más primordial, aunque también más complicada, es sobrevivir. Tendrás que demostrar que sabes hacer el moonwalker mejor que el mismísimo Michael Jackson, enfrentarte a hondanadas de zombies hambrientos de materia gris y reza por no quedar infectado antes de cruzar la meta...

Joder, tengo dotes para la venta...

Bueno, el caso es que es vuestro, con instrucciones y todo.
Si quereis que os remita un zip con el tablero de 24x17 cm, junto con las reglas, enviadme un mail a la dirección de correo que aparece en la cabecera del blog, de modo que sepa a quien dirigirlo, y os lo enviaré, gratis, por supuesto...

Ya si eso, el papel, las tijeras y la tinta lo poneis vosotros.


Frases... de libro (12)


"
Sí, a veces ellas (las palabras) te dan la espalda, pero es entonces cuando puedes fijarte en su trasero."

De Click (Javier Moreno)

23 ene. 2009

Lecturas imprevistas

Yo (como muchos) sé lo que es sentir unas irreprimibles ganas por escribir. De esta manera me he levantado tantas noches de la cama porque una idea me rondaba y no me dejaba dormir.


Otras veces, esto sucede como reacción ante un acontecimiento, algo que nos ha marcado, una sensación en un momento concreto: odio, amor, pasión, decepción, humillación, euforia... Hay ciertas cosas que te atraviesan y ¡paf! necesitas plasmarlo como sea, por eso admiro a quien tiene cualquier afición artística por insignificante que parezca. Lo hemos hecho siempre, desde Atapuerca hasta el Myspace. El arte sirve para eso, para coger un momento concreto de tu vida y enmarcarlo con palabras, pinceladas, notas, luces y sombras...

Una vez leí, ve tú a saber dónde, que el arte es la religión de los ateos.


Por eso, cuando descubrí lo que una usuaria había escrito en la última página de esta novela barata de ciencia ficción...


...no supe muy bien como tomarlo.


El gesto era poco respetuoso con las normas de tan inflexible institución, pero el texto era toda una declaración de intenciones. Lo reproduzco a continuación:


"Estoy en el Retiro ¡¡X fin!! (sic). Está precioso, hace sol y todo brilla, es maravilloso, lo único q (sic) estoy algo constipada y me duele la garganta, ayer estuve pensando mucho en mí y en todo lo que me rodea, en mis amigos, mi familia, etc.

Y llegué a una conclusión muy importante xa (sic) mi vida y mi alma ¡SER YO MISMA! siempre y quererme y estar segura al menos, de mi belleza interior, la exterior ya llegará...

Sé que parece una conclusión muy obvia, pero me ha costado mucho llegar a ella, no se xq (sic)..."


La escritura, como cualquier otra forma de expresión sirve para transmitir a los demás aquello que nos pasa a todos, a gente a la que no conoces, a gente cuyos rostros no ves...

Algo como esto fue el génesis de este blog (como habrá ocurrido con tantos otros). Hablar con uno mismo. Hablarle a la pared sin esperar que nadie te escuche, jugar sólo esa partida de frontón... y entonces alguien lo hace y, más tarde, sabes que estén de acuerdo o no contigo, eso está bien, porque te hace formar parte de algo...


Recuerdo ahora otra frase que me gustó (no se si la leí manuscrita en la parte de atrás de ningún libro), decía: La vida, a veces, puede resultar un sinsentido de lo más entretenido.

20 ene. 2009

Hoy es un día importante, porque...


¡Qué cosas! Leo en la prensa que un indonesio con un asombroso parecido a Barack Obama, ha conseguido llegar a debutar como actor en televisión gracias a la relevancia implícita de su sosias.

Y es que el hombre al que se parece no es casi nadie… Quizá, sencillamente, el hombre con más poder y mayor influencia sobre esta piedra que surca el espacio.

No parece un hombre chistoso, el tal Obama. No desde luego como su antecesor, George W. Bush, el hombre que cuando decía algo no parecía estar hablando en serio. Aquel que protagonizó momentos tan cómicos como cuando se atragantó con una galleta, cuando dijo “Sadam” queriendo decir "Bin Laden" o cuando demostró sus dotes de lectura leyendo los libros al revés (chupaos esa, disléxicos).

Si todo va bien, en un par de horas, este afroamericano de discurso martinlutheriano, tomará las riendas de esa nación que ya casi somos todos.
Es una lástima que el cargo para el que este mesías se ha estado preparando sea el de presidente de la nación más bélica sobre la Tierra, sino igual me daba por pensar que es honrado de verdad, de corazón, como un Gandhi cualquiera.

Pero no, que nadie se lleve a engaño. Hoy se habla de cambio, igualdad, justicia y mañana estaremos hablando de lluvia de bombas sobre alguna nación que no esté de acuerdo con la forma de pensar del bueno de Obama. De nada servirán las críticas de la derecha española demonizándolo o los espaldarazos de la izquierda.

Como él mismo dirá dentro de pocas horas: Que Dios nos ayude.

Hoy también es un día memorable por otras cuestiones: se cumplen doscientos años del nacimiento del poeta, escritor y articulista Edgar Allan Poe. Además de ser uno de los padres del relato corto y de terror, nos dejó el testimonio de una vida con bastantes tintes dramáticos: huérfano de madre y abandonado por su padre, largas temporadas de hambre y pobreza y, finalmente, una muerte truculenta, tras la que fue encontrado en plena calle, con verdadera mala pinta y hediendo a alcohol.
Como leí una vez: Antiguamente, las vidas de los escritores eran más interesantes que sus obras.

Yo, desde la humildad que el trabajo me permite, rendiré homenaje al escritor, amenazando al próximo usuario que me toque las narices con tirarle a la cabeza las obras completas de Poe… o tal vez siga el método usado en “El pozo y el péndulo”, jeje...

Quien sabe…
Hoy puede ser un gran día.

13 ene. 2009

Miedo y asco en el centro comercial (y 2)


Una mezcla de indignación y decepción nos embargó.

La mayoría de los establecimientos del centro comercial no ofrecían ningún tipo de rebaja. Como si no pasara nada. Como si nadie hubiera locutado por la radio una información sobre la estrategia de marketing que los comerciantes se habían sacado de la manga para despistar a la crisis. Como si las hojas de periódico no se hubieran visto manchadas por la tinta de redactores, columnistas y agencias que aseguraban, todos a coro, que las rebajas empezaban ¡el puñetero día 2 de enero!

Como si no supieran que esto no había hecho más que empezar. Que había filas interminables de vehículos que se aproximaban y se agolpaban entre sí para llegar los primeros a unas supuestas rebajas fantasma.

-Esto debería ser denunciable o algo, -recuerdo que medité en silencio-.

Lo peor es que era cierto. Estaba sucediendo. Lo iban a conseguir. Iban a conseguir que la gente no dejara de comprar, pese a no existir ningún tipo de descuento en las tiendas más deseables. ¿Quién en su sano juicio iba a invertir más media hora en recorrer tres kilómetros escasos, para luego llegar y no comprar nada?

Bien. Era necesario un reajuste. Nos habían jodido bien, pero no podíamos quedarnos parados sin hacer nada. Pronto llegaría una nueva remesa de compradores-zombies y moverse por las instalaciones comenzaría a resultar un extraño juego en el que sólo gana el que se abre camino a empujones, a patadas y puños.

-No importa que no haya rebajas, -me dijo mi pareja, intentando mantener la calma-, compremos lo que hemos venido a comprar y salgamos rápido de aquí.
-Bien.

En la cumbre de la lista se hallaban artículos de primera necesidad, lo segundo eran los regalos de reyes de última hora.

Accedímos al hipermercado. Estaba abarrotado de gente. De fondo, una música popular y ensordecedora era expulsada desde unos altavoces que no estaban a la altura de las circunstancias. El ambiente era casi hediondo. Sudor, perfumes y adrenalina se entremezclaban en una esencia inequívoca. El olor de un centro comercial en rebajas.

Accedímos directos a la parte derecha del hipermercado, lo cual, según los psicólogos, es un acto involuntario de nuestro inconsciente, que no es muy original.

Sin darnos cuenta, nos vimos envueltos en un bucle consumista. El gentío, la música elevada, la variedad policromática de los adornos navideños nos hacía ir de un lado para otro, acudiendo a la llamada de artículos que tal vez no buscáramos pero que, de repente, habíamos recordado necesitar.

-Mira, alfombrillas para el coche, necesito unas alfombrillas nuevas, así dejarás de decirme que tire ese pellejo de gato muerto que tengo por alfombrilla.
-Bueno, mira a ver, -me contestó mi acompañante medio hipnotizada-, yo voy a mirar la ropa de invierno que hay por aquí...
Mierda. Esto no está bien. Nos estamos dejando llevar, pero es que... realmente necesito esas alfombrillas. Joder.

El llanto de un niño no mayor de dos años comenzó a alzarse sobre el resto de estímulos sonoros provenientes de todas partes. Era un llanto desgarrador. Un llanto de rabieta pura. Sólo sé que ese llanto me ayudó a salir de mi ensimismamiento y que, aún con los ojos fijos en el frente aunque sin mirar nada, balbuceé:
-Dios, que alguien acabe con el sufrimiento de ese pobre animal...

No encontramos todo lo que necesitábamos, pero era suficiente. Tras las puertas automáticas vimos llegar nuevas hordas de compradores-zombie. Desde una perspectiva de conjunto, aquel espectáculo era dantesco. Vestían caros abrigos y chándales baratos, eran grandes, pequeños, hombres, mujeres, con bolsas, sin ellas... En realidad, no sé lo que me diferenciaba a mí de ellos. Quizás nada. Pero yo no estaba infectado. No podía estar infectado. Tal vez propagaran el virus a través del sistema de calefacción. Tal vez.

Nos entró hambre, lo cual sí era normal, debido al desgaste calórico provocado por la prueba de resistencia a la que estábamos siendo sometidos.
Pudímos alcanzar un quiosco donde servían cafés aguados, empanadillas y alguna que otra exquisitez de ese estilo. Junto a la barra había un único asiento libre. Se lo cedí a mi chica, pero rehusó: junto al asiento, uno de esos muertos vivientes, con un par de bolsas del Decathlon, babeaba sobre una tapa de ensaladilla.

-No pasa nada, -le advertí-, tú sólo haz como ellos.
Luego comencé a gemir poniendo los ojos en blanco.
-Oye, te sale muy bien, -dijo ella divertida-.

El gerente del kiosco era un treintañero estirado y con bigote, que debía estar ya hasta los mismísimos, ya que tras un buen rato detrás de la barra, no nos hizo ni puto caso.
Yo, para acojonar, le puse mi cara de bibliotecario malo. No sirvió.
Cuando él quiso y tras decidir que para su trabajo no era necesario ningún tipo de entusiasmo, nos soltó en un alarde verborréico:

-¿Sí?

Sólo que no fue un "¿sí?", sino uno de esos "sís" que casi parecen estar diciendo "¿séeee?", abriendo mucho la mándibula, como si pesara diez kilos.
-Un cruasán para ella y una porción de esta pizza para mí, -dije dándole martillazos con la mirada-.

El cruasán llegó pero la pizza se quedó como cinco minutos dando vueltas en el microondas.
Y como es normal, mi impaciencia y mi indignación provocaron que mi lengua sufriese los daños. Mierda, mierda y más mierda. Me imaginé aplicándole toda clase de torturas chinas al camarero. Me vi lanzándole la porción de pizza ardiente a la cara. O metiendo su cabeza en el microondas... ¡qué se yo!

Pero luego me relajé. Me dije, Eric, tranquilízate chaval, no hay prisa, hemos terminado de comprar, pronto volverémos a casa, sólo hemos de terminar de comernos esto y volverémos a casa...

No fue así. Entre bocado y bocado al cruasán, mi chica que se había mantenido pensativa, alzó los ojos del plato y masculló:
-Oye, ¿podemos dar ahora una vuelta por aquí, tranquilamente?...
¡¿Qué?! ¿Había escuchado bien? Intenté disuadirla o ver cuáles eran realmente sus intenciones:
-Pero a sitios sin rebaja no pensarás entrar... ¿verdad?

Mi chica asintió tímidamente con una mirada y dejó paso a los pucheros y los labios fruncidos en señal de "por favooor". Mierda. Soy humano, no puedo resistirme ante eso.

-...Vale, -la palabra salío, en forma de vocecilla, desde lo más hondo de mi garganta.

Así que un experimento sociológico ¿no?.
No eres humano, me dije, eres imbécil.


Aquí, otros relatos de la serie "Miedo y asco...":
- Miedo y asco en el Foster's Hollywood 1.
- Miedo y asco en el Foster's Hollywood 2.

12 ene. 2009

Miedo y asco en el centro comercial (1)


¿Y por qué no?
Fue lo que pensé cuando se me planteó la posibilidad de acudir en pleno dos de enero, cuatro días antes del día de Reyes, a las rebajas anticipadas.

Por lo general, nunca accedería a morir de manera tan indigna. Pero aún desconozco el motivo por el que me dejé llevar aquella tarde. Creo que mi postura fue la de tomarme tal reto como un experimento sociológico, como Gran hermano... bueno, como Gran hermano no.
Me relajé. Bajé la guardia. Pensé que quizá podría observar el irracional comportamiento de una persona con un objetivo, rodeada por cientos de personas con el mismo objetivo que ella.
Pensé que podría observar esto desde el otro lado de un telón de acero imaginario.
No sabía cuánto me equivocaba.

Ciertas situaciones de emergencia vienen precedidas por señales totalmente identificables para la mayoría.
Una retención formada por una columna de chatarra con ruedas de varios kilómetros de longitud podría ser una de esas señales. El momento de dar la vuelta y echar a correr había llegado. Huir no es de cobardes si se avecina una catástrofe, eso es sólo querer salvar el pellejo.
-¿Has visto qué cola?, -pregunté casi retóricamente a mi acompañante-.
-Sí, bueno, es normal.

Normal. "Normal" es una palabra peligrosa, porque al decir que algo es "normal" estamos ateniéndonos a una situación tal y como viene, sin preguntarnos si ésta sería susceptible de mejorar.

"Normal", en este contexto, venía a decir que yo debía seguir conduciendo mi vehículo hacia el objetivo marcado: el centro comercial, la cuna del gasto, el camino a la perdición para el ahorro.
Mientras tanto yo compartía miradas de cómplice incomprensión con el resto de conductores que circulaban lentamente a mis lados. Mierda. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Qué poderosa fuerza nos atraía suavemente hacia su regazo?

Lo que parecía un imposible se convirtió en un hecho. Habíamos aparcado. A doscientos metros de la puerta de acceso, pero allí estábamos. Yo ya estaba agotado. Tenía ganas de coger el coche y largarme.

Pronto los ánimos caerían en picado, pero yo aún no lo sabía.

Entramos en el centro comercial empujados por la euforia que proporciona un pilotito verde que señaliza una plaza de parking libre.
Subimos hacia la primera planta planeando qué tiendas visitaríamos primero. El plan era rápido y limpio. Sabíamos a lo que íbamos. No pensábamos retrasarnos más allá de lo necesario para liquidar el maldito asunto de los regalos de reyes.

Fue entonces cuando lo vimos...

Un largo pasillo atestado de gente y filas de tiendas a los lados ¡totalmente vacías! ¿Pero qué coño estaba pasando? La situación era irrisoria. Parecíamos un gran rebaño de ovejas atontadas que no sabían hacia dónde dirigirse.

La mente tiene un complejo mecanismo que repudia las situaciones en las que no entiende lo que sucede a su alrededor. De esta forma, mi mente ordenó a mis sentidos hallar una explicación de aquel extraño comportamiento. Y, se que me repito, pero entonces fue cuando lo vimos, o mejor dicho, no lo vimos.

Ninguna oferta. Ninguna rebaja. Ningún tanto por ciento.

No había rebajas.

8 ene. 2009

Frases... de libro (11)


"El abrazo había sido una batalla. El clímax una victoria.
Era un golpe contra el partido. Era un acto político."

Winston Smith tras sucumbir al deleznable acto sexual del mundo de 1984 (George Orwell)

7 ene. 2009

Porca miseria

Odio el 7 de enero.
Lo odio sin más. Es un día odioso porque sí.
Bueno, porque sí, no. Es un día odioso porque todo vuelve a la "normalidad".

¿Os habeis fijado que si a 7 le restamos 1 (por encontrarnos en enero) da 6, que si al mismo tiempo le restamos ese resultado a la terminación de este nuevo año (09) da 3, que sumado al prefijo del año (20) da 23? (apunte cinéfilo al que no hay que darle más importancia).

Esta mañana, al salir de casa un viento helado me aconsejó que no fuera a trabajar. Intenté zafarme de él y no le hice ni puto caso.
Seguídamente, tras cruzar las puertas de la biblioteca, me dispuse a emprender el trabajo más tedioso y mecánico de los que allí se me ocurren: tejuelar (es decir, pegar las pegatinitas que veis en los lomos de los libros cuando vais a la biblioteca... ¿qué? ¿te parece que me quejo por nada? Prueba a pegar 400 del tirón, listo).

A la hora del descanso gusta uno de informarse. Un vistazo a la prensa diaria me permite comprobar que el mundo sigue echando peste. Prosiguen los pepinazos sobre el territorio de Gaza (luego me entero por televisión que se ha establecido una tregua).
Cualquiera puede darse cuenta de que eso de presionar a Hamás haciendo de la ciudad, un solar, es una tremenda tontería. Hay una expresión para eso en el castellano, por ser un idioma tan rico: Matar moscas a cañonazos.
La imagen del día, no obstante, es la de una mujer palestina, de unos cincuenta años, civil, echada sobre un charco de sangre e implorando que alguien la ayude.
En lugar de eso el fotógrafo la obsequia con un retrato.

Al volver a casa un mal gesto, un mal paso, provoca una discusión con un ser querido. Mierda. Es este día siete... lo mire por donde lo mire ¡da 23!

Vuelvo al curro por la tarde y por el camino recolecto algunas micro-conversaciones de la gente de la acera: ¿La familia? ¡mal!, por ejemplo, mi tío... Pues sí, este año se han portado bien... Pues mira, he mirado en Zara y Pull & Bear y es que no llegan ni al treinta... Estamos a día siete y no se de donde voy a sacar el dinero...

Por un lado me fastidia no conocer el desenlace de cada historia (es como perderte el final de una peli).
Por otro lado, pienso que tampoco me interesan tanto.

Me las conozco de memoria.