29 ene. 2009

Dinero, mentiras y tarjetas de crédito


Voy a ser completamente sincero con vosotros. Os voy a contar algo que le pasó a un amigo... ejem... de un amigo.
Este chaval (un tío alto, sano, simpático) terminó sus estudios. Y como no se le ocurrió nada mejor que hacer pues se dedicó a buscar empleo. Encontró uno, por 900 euros al mes, era esclavizado frente a un ordenador, diez horas al día en un cuartucho de 5 por 2 metros.

Oyó la sinfonía de la primera nómina. Sonaba excelsa, celestial...

Un día, este amigo, escuchó los consejos de, llamémoslo de algún modo, el señor X.
El señor X sabía lo que se cocía por aquel entonces por el mercado inmobiliario y decidió aconsejar a este buen muchacho.
-Ahora es el momento de comprar una casa, -le dijo-, en el peor de los casos siempre podrás venderla.

Mi amigo, o el amigo de mi amigo lo pensó, lo meditó, caviló y caviló.
Al final llegó a una conclusión. No parecía haber nada malo en ello. No parecía tener ningún riesgo dicha operación...

Cuando esto sucedió, la burbuja inmobiliaria estaba inflándose e inflándose a un ritmo vertiginoso. Él no lo sabía en ese momento. Como tanta otra gente, se enteró después.
Tampoco tenía mucho sentido pensar de otra manera en aquel entonces.
Era como si los supervivientes de un tsunami, viendo ya a salvo las imágenes aéreas dijeran: ¡Ah, mira, por ahí venía, teníamos que haberlo visto antes!

El caso es que este amigo, a día de hoy luchando contra viento y marea y contra el euribor, cual capitán Ahab, medio enloquece al descubrir la verdadera cara de la Gran Ballena Blanca a través de documentos como éste:



Y me pregunto yo, ¿Cómo es capaz esta gente de enriquecerse a costa de que el mundo contraiga una deuda que no puede pagar?...
¡Ah, espera! Con el precario sistema educativo actual, con el que algunos llegan a la universidad sin saber hacer una raíz cuadrada, no tienen nada que temer...

(El vídeo lo he robado del blog de esta coleguita. Gracias por el préstamo a bajo interés)

26 ene. 2009

Excusas

Perdonad si no estoy muy hablador últimamente.

Esto se debe a que, además de este blog, estoy haciendo frente a un par de proyectos literarios y ando liado, entre otras cosas, con un curso de diseño gráfico que finaliza esta semana.

El curso, impartido por Salva Olivares, pretendía mostrar la forma de aplicar herramientas como Freehand y Photoshop al ámbito comercial y publicitario. No me apunté al curso pensando en el trabajo, tan sólo por ampliar conocimientos. De modo que cuando nos enviaron hacer dípticos y catálogos me pareció bien, pero no era suficiente.

Un día se me ocurrió (bueno, se nos ocurrió, a mi pareja y a mí) diseñar un juego de mesa. Como soy tan friki de las pelis de zombies (como lo es Javi de las de gangsters), decidí juntar ambas cosas... ¿el resultado?

Ciudad Zombie. Una especie de juego de la oca zombie, donde la misión más primordial, aunque también más complicada, es sobrevivir. Tendrás que demostrar que sabes hacer el moonwalker mejor que el mismísimo Michael Jackson, enfrentarte a hondanadas de zombies hambrientos de materia gris y reza por no quedar infectado antes de cruzar la meta...

Joder, tengo dotes para la venta...

Bueno, el caso es que es vuestro, con instrucciones y todo.
Si quereis que os remita un zip con el tablero de 24x17 cm, junto con las reglas, enviadme un mail a la dirección de correo que aparece en la cabecera del blog, de modo que sepa a quien dirigirlo, y os lo enviaré, gratis, por supuesto...

Ya si eso, el papel, las tijeras y la tinta lo poneis vosotros.


Frases... de libro (12)


"
Sí, a veces ellas (las palabras) te dan la espalda, pero es entonces cuando puedes fijarte en su trasero."

De Click (Javier Moreno)

23 ene. 2009

Lecturas imprevistas

Yo (como muchos) sé lo que es sentir unas irreprimibles ganas por escribir. De esta manera me he levantado tantas noches de la cama porque una idea me rondaba y no me dejaba dormir.


Otras veces, esto sucede como reacción ante un acontecimiento, algo que nos ha marcado, una sensación en un momento concreto: odio, amor, pasión, decepción, humillación, euforia... Hay ciertas cosas que te atraviesan y ¡paf! necesitas plasmarlo como sea, por eso admiro a quien tiene cualquier afición artística por insignificante que parezca. Lo hemos hecho siempre, desde Atapuerca hasta el Myspace. El arte sirve para eso, para coger un momento concreto de tu vida y enmarcarlo con palabras, pinceladas, notas, luces y sombras...

Una vez leí, ve tú a saber dónde, que el arte es la religión de los ateos.


Por eso, cuando descubrí lo que una usuaria había escrito en la última página de esta novela barata de ciencia ficción...


...no supe muy bien como tomarlo.


El gesto era poco respetuoso con las normas de tan inflexible institución, pero el texto era toda una declaración de intenciones. Lo reproduzco a continuación:


"Estoy en el Retiro ¡¡X fin!! (sic). Está precioso, hace sol y todo brilla, es maravilloso, lo único q (sic) estoy algo constipada y me duele la garganta, ayer estuve pensando mucho en mí y en todo lo que me rodea, en mis amigos, mi familia, etc.

Y llegué a una conclusión muy importante xa (sic) mi vida y mi alma ¡SER YO MISMA! siempre y quererme y estar segura al menos, de mi belleza interior, la exterior ya llegará...

Sé que parece una conclusión muy obvia, pero me ha costado mucho llegar a ella, no se xq (sic)..."


La escritura, como cualquier otra forma de expresión sirve para transmitir a los demás aquello que nos pasa a todos, a gente a la que no conoces, a gente cuyos rostros no ves...

Algo como esto fue el génesis de este blog (como habrá ocurrido con tantos otros). Hablar con uno mismo. Hablarle a la pared sin esperar que nadie te escuche, jugar sólo esa partida de frontón... y entonces alguien lo hace y, más tarde, sabes que estén de acuerdo o no contigo, eso está bien, porque te hace formar parte de algo...


Recuerdo ahora otra frase que me gustó (no se si la leí manuscrita en la parte de atrás de ningún libro), decía: La vida, a veces, puede resultar un sinsentido de lo más entretenido.

20 ene. 2009

Hoy es un día importante, porque...


¡Qué cosas! Leo en la prensa que un indonesio con un asombroso parecido a Barack Obama, ha conseguido llegar a debutar como actor en televisión gracias a la relevancia implícita de su sosias.

Y es que el hombre al que se parece no es casi nadie… Quizá, sencillamente, el hombre con más poder y mayor influencia sobre esta piedra que surca el espacio.

No parece un hombre chistoso, el tal Obama. No desde luego como su antecesor, George W. Bush, el hombre que cuando decía algo no parecía estar hablando en serio. Aquel que protagonizó momentos tan cómicos como cuando se atragantó con una galleta, cuando dijo “Sadam” queriendo decir "Bin Laden" o cuando demostró sus dotes de lectura leyendo los libros al revés (chupaos esa, disléxicos).

Si todo va bien, en un par de horas, este afroamericano de discurso martinlutheriano, tomará las riendas de esa nación que ya casi somos todos.
Es una lástima que el cargo para el que este mesías se ha estado preparando sea el de presidente de la nación más bélica sobre la Tierra, sino igual me daba por pensar que es honrado de verdad, de corazón, como un Gandhi cualquiera.

Pero no, que nadie se lleve a engaño. Hoy se habla de cambio, igualdad, justicia y mañana estaremos hablando de lluvia de bombas sobre alguna nación que no esté de acuerdo con la forma de pensar del bueno de Obama. De nada servirán las críticas de la derecha española demonizándolo o los espaldarazos de la izquierda.

Como él mismo dirá dentro de pocas horas: Que Dios nos ayude.

Hoy también es un día memorable por otras cuestiones: se cumplen doscientos años del nacimiento del poeta, escritor y articulista Edgar Allan Poe. Además de ser uno de los padres del relato corto y de terror, nos dejó el testimonio de una vida con bastantes tintes dramáticos: huérfano de madre y abandonado por su padre, largas temporadas de hambre y pobreza y, finalmente, una muerte truculenta, tras la que fue encontrado en plena calle, con verdadera mala pinta y hediendo a alcohol.
Como leí una vez: Antiguamente, las vidas de los escritores eran más interesantes que sus obras.

Yo, desde la humildad que el trabajo me permite, rendiré homenaje al escritor, amenazando al próximo usuario que me toque las narices con tirarle a la cabeza las obras completas de Poe… o tal vez siga el método usado en “El pozo y el péndulo”, jeje...

Quien sabe…
Hoy puede ser un gran día.

13 ene. 2009

Miedo y asco en el centro comercial (y 2)


Una mezcla de indignación y decepción nos embargó.

La mayoría de los establecimientos del centro comercial no ofrecían ningún tipo de rebaja. Como si no pasara nada. Como si nadie hubiera locutado por la radio una información sobre la estrategia de marketing que los comerciantes se habían sacado de la manga para despistar a la crisis. Como si las hojas de periódico no se hubieran visto manchadas por la tinta de redactores, columnistas y agencias que aseguraban, todos a coro, que las rebajas empezaban ¡el puñetero día 2 de enero!

Como si no supieran que esto no había hecho más que empezar. Que había filas interminables de vehículos que se aproximaban y se agolpaban entre sí para llegar los primeros a unas supuestas rebajas fantasma.

-Esto debería ser denunciable o algo, -recuerdo que medité en silencio-.

Lo peor es que era cierto. Estaba sucediendo. Lo iban a conseguir. Iban a conseguir que la gente no dejara de comprar, pese a no existir ningún tipo de descuento en las tiendas más deseables. ¿Quién en su sano juicio iba a invertir más media hora en recorrer tres kilómetros escasos, para luego llegar y no comprar nada?

Bien. Era necesario un reajuste. Nos habían jodido bien, pero no podíamos quedarnos parados sin hacer nada. Pronto llegaría una nueva remesa de compradores-zombies y moverse por las instalaciones comenzaría a resultar un extraño juego en el que sólo gana el que se abre camino a empujones, a patadas y puños.

-No importa que no haya rebajas, -me dijo mi pareja, intentando mantener la calma-, compremos lo que hemos venido a comprar y salgamos rápido de aquí.
-Bien.

En la cumbre de la lista se hallaban artículos de primera necesidad, lo segundo eran los regalos de reyes de última hora.

Accedímos al hipermercado. Estaba abarrotado de gente. De fondo, una música popular y ensordecedora era expulsada desde unos altavoces que no estaban a la altura de las circunstancias. El ambiente era casi hediondo. Sudor, perfumes y adrenalina se entremezclaban en una esencia inequívoca. El olor de un centro comercial en rebajas.

Accedímos directos a la parte derecha del hipermercado, lo cual, según los psicólogos, es un acto involuntario de nuestro inconsciente, que no es muy original.

Sin darnos cuenta, nos vimos envueltos en un bucle consumista. El gentío, la música elevada, la variedad policromática de los adornos navideños nos hacía ir de un lado para otro, acudiendo a la llamada de artículos que tal vez no buscáramos pero que, de repente, habíamos recordado necesitar.

-Mira, alfombrillas para el coche, necesito unas alfombrillas nuevas, así dejarás de decirme que tire ese pellejo de gato muerto que tengo por alfombrilla.
-Bueno, mira a ver, -me contestó mi acompañante medio hipnotizada-, yo voy a mirar la ropa de invierno que hay por aquí...
Mierda. Esto no está bien. Nos estamos dejando llevar, pero es que... realmente necesito esas alfombrillas. Joder.

El llanto de un niño no mayor de dos años comenzó a alzarse sobre el resto de estímulos sonoros provenientes de todas partes. Era un llanto desgarrador. Un llanto de rabieta pura. Sólo sé que ese llanto me ayudó a salir de mi ensimismamiento y que, aún con los ojos fijos en el frente aunque sin mirar nada, balbuceé:
-Dios, que alguien acabe con el sufrimiento de ese pobre animal...

No encontramos todo lo que necesitábamos, pero era suficiente. Tras las puertas automáticas vimos llegar nuevas hordas de compradores-zombie. Desde una perspectiva de conjunto, aquel espectáculo era dantesco. Vestían caros abrigos y chándales baratos, eran grandes, pequeños, hombres, mujeres, con bolsas, sin ellas... En realidad, no sé lo que me diferenciaba a mí de ellos. Quizás nada. Pero yo no estaba infectado. No podía estar infectado. Tal vez propagaran el virus a través del sistema de calefacción. Tal vez.

Nos entró hambre, lo cual sí era normal, debido al desgaste calórico provocado por la prueba de resistencia a la que estábamos siendo sometidos.
Pudímos alcanzar un quiosco donde servían cafés aguados, empanadillas y alguna que otra exquisitez de ese estilo. Junto a la barra había un único asiento libre. Se lo cedí a mi chica, pero rehusó: junto al asiento, uno de esos muertos vivientes, con un par de bolsas del Decathlon, babeaba sobre una tapa de ensaladilla.

-No pasa nada, -le advertí-, tú sólo haz como ellos.
Luego comencé a gemir poniendo los ojos en blanco.
-Oye, te sale muy bien, -dijo ella divertida-.

El gerente del kiosco era un treintañero estirado y con bigote, que debía estar ya hasta los mismísimos, ya que tras un buen rato detrás de la barra, no nos hizo ni puto caso.
Yo, para acojonar, le puse mi cara de bibliotecario malo. No sirvió.
Cuando él quiso y tras decidir que para su trabajo no era necesario ningún tipo de entusiasmo, nos soltó en un alarde verborréico:

-¿Sí?

Sólo que no fue un "¿sí?", sino uno de esos "sís" que casi parecen estar diciendo "¿séeee?", abriendo mucho la mándibula, como si pesara diez kilos.
-Un cruasán para ella y una porción de esta pizza para mí, -dije dándole martillazos con la mirada-.

El cruasán llegó pero la pizza se quedó como cinco minutos dando vueltas en el microondas.
Y como es normal, mi impaciencia y mi indignación provocaron que mi lengua sufriese los daños. Mierda, mierda y más mierda. Me imaginé aplicándole toda clase de torturas chinas al camarero. Me vi lanzándole la porción de pizza ardiente a la cara. O metiendo su cabeza en el microondas... ¡qué se yo!

Pero luego me relajé. Me dije, Eric, tranquilízate chaval, no hay prisa, hemos terminado de comprar, pronto volverémos a casa, sólo hemos de terminar de comernos esto y volverémos a casa...

No fue así. Entre bocado y bocado al cruasán, mi chica que se había mantenido pensativa, alzó los ojos del plato y masculló:
-Oye, ¿podemos dar ahora una vuelta por aquí, tranquilamente?...
¡¿Qué?! ¿Había escuchado bien? Intenté disuadirla o ver cuáles eran realmente sus intenciones:
-Pero a sitios sin rebaja no pensarás entrar... ¿verdad?

Mi chica asintió tímidamente con una mirada y dejó paso a los pucheros y los labios fruncidos en señal de "por favooor". Mierda. Soy humano, no puedo resistirme ante eso.

-...Vale, -la palabra salío, en forma de vocecilla, desde lo más hondo de mi garganta.

Así que un experimento sociológico ¿no?.
No eres humano, me dije, eres imbécil.


Aquí, otros relatos de la serie "Miedo y asco...":
- Miedo y asco en el Foster's Hollywood 1.
- Miedo y asco en el Foster's Hollywood 2.

12 ene. 2009

Miedo y asco en el centro comercial (1)


¿Y por qué no?
Fue lo que pensé cuando se me planteó la posibilidad de acudir en pleno dos de enero, cuatro días antes del día de Reyes, a las rebajas anticipadas.

Por lo general, nunca accedería a morir de manera tan indigna. Pero aún desconozco el motivo por el que me dejé llevar aquella tarde. Creo que mi postura fue la de tomarme tal reto como un experimento sociológico, como Gran hermano... bueno, como Gran hermano no.
Me relajé. Bajé la guardia. Pensé que quizá podría observar el irracional comportamiento de una persona con un objetivo, rodeada por cientos de personas con el mismo objetivo que ella.
Pensé que podría observar esto desde el otro lado de un telón de acero imaginario.
No sabía cuánto me equivocaba.

Ciertas situaciones de emergencia vienen precedidas por señales totalmente identificables para la mayoría.
Una retención formada por una columna de chatarra con ruedas de varios kilómetros de longitud podría ser una de esas señales. El momento de dar la vuelta y echar a correr había llegado. Huir no es de cobardes si se avecina una catástrofe, eso es sólo querer salvar el pellejo.
-¿Has visto qué cola?, -pregunté casi retóricamente a mi acompañante-.
-Sí, bueno, es normal.

Normal. "Normal" es una palabra peligrosa, porque al decir que algo es "normal" estamos ateniéndonos a una situación tal y como viene, sin preguntarnos si ésta sería susceptible de mejorar.

"Normal", en este contexto, venía a decir que yo debía seguir conduciendo mi vehículo hacia el objetivo marcado: el centro comercial, la cuna del gasto, el camino a la perdición para el ahorro.
Mientras tanto yo compartía miradas de cómplice incomprensión con el resto de conductores que circulaban lentamente a mis lados. Mierda. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Qué poderosa fuerza nos atraía suavemente hacia su regazo?

Lo que parecía un imposible se convirtió en un hecho. Habíamos aparcado. A doscientos metros de la puerta de acceso, pero allí estábamos. Yo ya estaba agotado. Tenía ganas de coger el coche y largarme.

Pronto los ánimos caerían en picado, pero yo aún no lo sabía.

Entramos en el centro comercial empujados por la euforia que proporciona un pilotito verde que señaliza una plaza de parking libre.
Subimos hacia la primera planta planeando qué tiendas visitaríamos primero. El plan era rápido y limpio. Sabíamos a lo que íbamos. No pensábamos retrasarnos más allá de lo necesario para liquidar el maldito asunto de los regalos de reyes.

Fue entonces cuando lo vimos...

Un largo pasillo atestado de gente y filas de tiendas a los lados ¡totalmente vacías! ¿Pero qué coño estaba pasando? La situación era irrisoria. Parecíamos un gran rebaño de ovejas atontadas que no sabían hacia dónde dirigirse.

La mente tiene un complejo mecanismo que repudia las situaciones en las que no entiende lo que sucede a su alrededor. De esta forma, mi mente ordenó a mis sentidos hallar una explicación de aquel extraño comportamiento. Y, se que me repito, pero entonces fue cuando lo vimos, o mejor dicho, no lo vimos.

Ninguna oferta. Ninguna rebaja. Ningún tanto por ciento.

No había rebajas.

8 ene. 2009

Frases... de libro (11)


"El abrazo había sido una batalla. El clímax una victoria.
Era un golpe contra el partido. Era un acto político."

Winston Smith tras sucumbir al deleznable acto sexual del mundo de 1984 (George Orwell)

7 ene. 2009

Porca miseria

Odio el 7 de enero.
Lo odio sin más. Es un día odioso porque sí.
Bueno, porque sí, no. Es un día odioso porque todo vuelve a la "normalidad".

¿Os habeis fijado que si a 7 le restamos 1 (por encontrarnos en enero) da 6, que si al mismo tiempo le restamos ese resultado a la terminación de este nuevo año (09) da 3, que sumado al prefijo del año (20) da 23? (apunte cinéfilo al que no hay que darle más importancia).

Esta mañana, al salir de casa un viento helado me aconsejó que no fuera a trabajar. Intenté zafarme de él y no le hice ni puto caso.
Seguídamente, tras cruzar las puertas de la biblioteca, me dispuse a emprender el trabajo más tedioso y mecánico de los que allí se me ocurren: tejuelar (es decir, pegar las pegatinitas que veis en los lomos de los libros cuando vais a la biblioteca... ¿qué? ¿te parece que me quejo por nada? Prueba a pegar 400 del tirón, listo).

A la hora del descanso gusta uno de informarse. Un vistazo a la prensa diaria me permite comprobar que el mundo sigue echando peste. Prosiguen los pepinazos sobre el territorio de Gaza (luego me entero por televisión que se ha establecido una tregua).
Cualquiera puede darse cuenta de que eso de presionar a Hamás haciendo de la ciudad, un solar, es una tremenda tontería. Hay una expresión para eso en el castellano, por ser un idioma tan rico: Matar moscas a cañonazos.
La imagen del día, no obstante, es la de una mujer palestina, de unos cincuenta años, civil, echada sobre un charco de sangre e implorando que alguien la ayude.
En lugar de eso el fotógrafo la obsequia con un retrato.

Al volver a casa un mal gesto, un mal paso, provoca una discusión con un ser querido. Mierda. Es este día siete... lo mire por donde lo mire ¡da 23!

Vuelvo al curro por la tarde y por el camino recolecto algunas micro-conversaciones de la gente de la acera: ¿La familia? ¡mal!, por ejemplo, mi tío... Pues sí, este año se han portado bien... Pues mira, he mirado en Zara y Pull & Bear y es que no llegan ni al treinta... Estamos a día siete y no se de donde voy a sacar el dinero...

Por un lado me fastidia no conocer el desenlace de cada historia (es como perderte el final de una peli).
Por otro lado, pienso que tampoco me interesan tanto.

Me las conozco de memoria.