10 feb. 2009

Grítame tu amor, susúrrame tu odio

Hay momentos en los que uno necesita encadenar a las palabras, hacer que cesen, para poder ver más allá de tus narices, para poder escuchar más allá de tu conciencia.

Esta semana ha sido uno de esos momentos.

Hace poco, un 4x4 y mi Renault Laguna (mi Bestia Blanca) tomaron la decisión de emprender el mismo camino y, como suele ocurrir en estos casos, coincidieron en el espacio y el tiempo, provocando el siguiente resultado:



Tranquilos, no hay daños personales que lamentar, sólo emocionales (y es que uno le tiene mucho cariño a su coche)…

A poco de suceder el impacto, fue cuando encontré la necesidad de callar, escuchar, ver, pensar.
Cualquiera que haya sufrido un incidente de estas características sabrá que lo propio, tras salir del estado de estupefacción, es bajar del vehículo y poner el grito en el cielo. Clamar a los cuatro vientos algo así como un ¡¡¡mecagoentolaput…!!!
Bueno, pues cumpliendo con el protocolo comenzamos gritándonos el uno al otro. Manifestándonos de todo menos amor.
Cuando me percaté de que eso no me arreglaría el coche, le bajé los humos a mis vísceras. Él también lo hizo. Luego el tipo resultó de lo más honrado, pero esa ya es otra historia.

El caso es que aquella noche, antes de partir a pata hasta mi casa, mi pareja se despidió de mí susurrando un “te quiero” desde su portal. Y eso me dio que pensar…

¿Por qué el odio se expresa a gritos, mientras que el amor se declara en voz baja?

Meditadlo.

Bueno la cosa es que, cuando me toca ir a pie a todas partes, me da por pensar en estupideces de este tipo. En por qué dicen que los hombres no podemos hacer dos cosas al mismo tiempo, en por qué los relojes de los anuncios siempre marcan las diez y diez… o las dos menos diez; en si hay algo que nos mueva y que no esté motivado por el miedo, el sexo o el dinero. En por qué el tiempo de un cartero, un carnicero, un veterinario, una camarera, un electricista, un peón de obra, una secretaria, un bibliotecario… se empeña, aproximadamente, por unos mil euros al mes.

Ayer, de visita por la bitácora de un buen colega, me sorprendió una suerte de homenaje a éste blog y dediqué algunos minutos a pensar en lo curiosas que son las relaciones entre viejos conocidos, en cómo un pequeño gesto fútil puede hacerte sonreír (aunque tu te empeñes en estar de morros)

Sigo pensando en transcribir al papel un par de historias que rondan mi cabeza y mi cabeza no se toma un respiro y está que echa humo.

Aún sigo pensando y eso es un problema. Pensar coarta mis palabras.

¡Socorro, haced que pare ya!

4 opiniones:

Stultifer dijo...

¿Sufrió mucho el 4x4?

bluesswing dijo...

Lamento lo que te sucedió, hay épocas en las que ocurre, si te sirve de algo, tenía que suceder, no te agobies...aprovéchate de lo que este cambio de aporta. Ayer veía el homenaje en el blog de tu colega...pensé, qué majo!!!!, sí, tienes suerte, son esas cosas las que realmente importan. Los gritos no deberían existir, deberíamos poderlo decir todo de forma educada y suave y el mundo no rugiría tanto...es bonito que te digan que te quieren, es bonito decir a alguien que le quieres. Vomita ya esas historias, no sea que se te olviden y nos quedemos sin ellas. Yo tb le tengo mucho cariño a mi coche....besos, Eric.

hm dijo...

Me alegra que sólo fuesen daños materiales, como me dijo un conocido mío después de un accidente que tuve, "en carretera, si todo lo que te pasa, se puede arreglar con dinero, es una bendicón".

El amor se dice en voz baja, porque no necesita palabras para expresarlo.

Yo también tengo esa fea costumbre de darle vueltas a las cosas más absurdas.

Eric F. Luna dijo...

Stultifer:
Para nada...

Bluesswing:
Gracias, aún así esto tampoco supone un verdadero cambio. Cambios hay todos los días y es importante saber afrontarlos.

Hm:
Hay algo que dices que me ha gustado y además es cierto: en el amor, como en algunas otras cosas, sobran las palabras.

Un saludo a todos!