3 feb. 2009

Lo difícil de mirarse al espejo


Tengo una amiga a la que una vez presté un libro que jamás pudo acabar.
Lo tuvo en su poder como dos meses para, finalmente, devolvérmelo sin haber finalizado su lectura.
En realidad se trataba de un libro cortito, de relatos. Pero al mismo tiempo se trataba de un libro cuyo autor sacaba a relucir algunas de las peores miserias del ser humano.
Esa era la razón por la que no pudo terminar de leerlo.

En una de las historias del nipón, una titulada "El límite de la felicidad", se narra la historia de un hombre que, según los cánones de la sociedad no tiene porqué sentirse desdichado, pero que sin duda lo es (ya que como se extrae de su lectura, la felicidad no puede radicar simplemente en tener una vída cómoda, un buen sueldo, una bonita casa...).

A mitad de esa historia tiene lugar un truculento incidente, que a mí (y por lo visto también a esa amiga) me sobrecogió sobremanera.
Es algo así: El protagonista aguarda en la cola del banco junto a varias personas más. Hay un niño que no para de berrear, de hecho, el lamento del niño es el único sonido que los clientes tienen que soportar estoicamente en un estado de semi irritación. De pronto, la madre del niño se hace con uno de los ceniceros metálicos que hay situados en cada lateral de la entidad y, ante el mutismo generalizado de la multitud, comienza a golpear a su hijo hasta que éste acaba tendido en el suelo sangrando...
...

Sé que ahora mismo estareis pensando que a qué viene esto. Seguro que estareis pensando que esto no es agradable y que no os apetecía leer nada parecido.

A mí tampoco me apetecía leer esta noticia hoy en la prensa.
Para los que no querais perder tiempo accediendo al enlace os la resumo:
A plena luz del día, en mitad de la estación de autobuses de Murcia, un hombre asesta patadas con violencia al cuerpo de la que un día fue su amada, la mujer que le aceleraba el pulso cuando aún eran novios, la persona a la que declaró amor eterno ante un dios de parroquia de barrio.
Mientras tanto, los vecinos pasan por su lado, observando la escena desde lejos, sin querer inmiscuirse, cerrando los ojos sin juntar los párpados (si es que tal cosa es posible).

Al contrario de la historia de Tsutsui, ésta no tiene un final amargo, sino agridulce. Un héroe anónimo (que es como se suele llamar a la gente que conserva un poquito la visión cuando el resto de personas ya no ven nada), un agente de policía fuera de servicio se percató de lo ocurrido e intercedió rápidamente. Persiguió al maltratador que pretendió darse a la fuga, hasta que, finalmente, otros agentes le impidieron la huída.
Y digo que el final de la historia es agridulce porque, en primer lugar, la víctima no reconoció la agresión. Más tarde, admitió haber sido agredida pero expresó su deseo de no denunciar al cabestro de su marido.

No sé. Yo entiendo que para erradicar casos de violencia como estos, lo mejor es penalizarlos no sólo ante un juzgado, sino también en la calle, por parte de todos nosotros, a través de miradas condenatorias, a través de nuestro entrometimiento, a través de oportunas y urgentes llamadas de teléfono que puedan salvar vidas... Entonces ¿Por qué la gente mira para otro lado? ¿Por qué evitan el dolor, la violencia, el sufrimiento...? ¿Porque no va con nosotros?

La reacción de la amiga a la que presté el libro no es de extrañar, sino más bien, algo propio de nuestra forma de ser. El dolor, la violencia, el sufrimiento no son agradables de ver, ni de leer, ni de escuchar, ni de padecer. Pero cuando la injusticia casi te salpica en la cara en forma de líquido rojo y espeso, se hace necesario mover ficha.

Lo que yo aún me pregunto, es cómo somos capaces todos (víctimas, verdugos, testigos...) de mirarnos al espejo cada mañana y empeñarnos en pensar que somos la forma de vida más inteligente en esta mierda de planeta.

Raro será que alguna mañana no me lie a pedradas con mi espejo.

7 opiniones:

Stultifer dijo...

¿Mi jefe es la forma de vida más inteligente del planeta? Creo que no te he leído bien.

bluesswing dijo...

Eric, abordas tantos temas en tu post y tan importantes...
Somos cobardes, los humanos nos hemos convertido en meros y burdos esclavos, temerosos y serviles, nada más. Estamos dormidos por los programas basura, crispados por el consumismo salvaje, enfermos por nuestro alejamiento de la Naturaleza...pero creeme SOMOS EXTRAORDINARIOS, aunque se hayan empeñado en que lo olvidemos.
Esta mujer es adicta a la violencia de su marido, ya no entiende la vida sin ella, no se respeta a si misma porque no ve lo extraordinaria que es , y el marido necesita golpearla para sentirse alguien, porque seguramente sus padres le hicieron sentir como una mierda. Enajenados pero extraordinarios...abrazar esa oscura noche del alma para salir de nuestras penumbras y descubrir que somos Dios.

Javier Illán dijo...

después de leerte y tras ello hacer lo propio con bluesswing creo que es como cuando te quedas convencido, no me apetece decir nada sino simplemente quitarme el sombrero.

Saludos men


Paz

[..La chica triste que te hacía reír..] dijo...

"En realidad las cosas verdaderamente difíciles son otras tan distintas, todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento. Mirar, por ejemplo, o comprender a un perro o a un gato. Esas son las dificultades, las grandes dificultades. Anoche se me ocurrió mirarme en este espejito, y te aseguro que era tan terriblemente difícil que casi me tiro de la cama. Imagínate que te estás viendo a ti mismo; eso tan sólo basta para quedarse frío durante media hora. Realmente ese tipo no soy yo, en el primer momento he sentido claramente que no era yo. Lo agarré de sorpresa, de refilón, y supe que no era yo. Eso lo sentía, y cuando algo se siente... Pero es como en Palm Beach, sobre una ola te cae la segunda, y después otra... Apenas has sentido ya viene lo otro, vienen las palabras... No, no son las palabras, son lo que está en las palabras, esa especie de cola de pegar, esa baba. Y la baba viene y te tapa, y te convence de que el del espejo eres tú. Claro, pero cómo no darse cuenta. Pero si soy yo, con mi pelo, esta cicatriz. Y la gente no se da cuenta de que lo único que aceptan es la baba, y por eso les parece tan fácil mirarse al espejo. O cortar un pedazo de pan con un cuchillo. ¿Tú has cortado un pedazo de pan con un cuchillo?"

Julio Cortázar.


Esto es lo primero que se me viene a la cabeza dejarte por aquí.
Lo segundo: La sociedad. Me parece absurdo que cada vez miremos más nuestros ombligos y dejemos de lado los ombligos de los demás, si son casi tan bonitos como los nuestros. Me parece alucinante que la gente siga de largo al ver algo así. Eso es miedo. Miedo a meterse y que le calienten la carita a ellos. Como le pasó a este tipo que defendió a una mujer maltratada por la calle y el novio le pegó un sopapo de tres barrios, que lo dejó lelo vamos. Y encima luego la mujer maltratada se quejó. Insólito.
Es tan insólito como que las personas cada vez se tocan menos. Cada vez hay más distancia entre persona desconocida 1 y persona desconocida 2. La gente se queda de pie en el metro por no sentarse cerca de nadie. La gente se queda sin saber la hora por no preguntarla. Por no hablar con otras personas... Soberana gilipollez.
Así nos volvemos todos locos.
Y sin duda, a día de hoy hay pocas cosas tan difíciles como ponerse delante de un espejo, reconocerse y no querer matarse.

Ea. Que estoy de asco a la gente hasta las cejas.

Un saludo, murciano.

hm dijo...

No le hagas nada al espejo, que la culpa no es suya... él es objetivo.

Ali dijo...

Me ha encantado..Mi enorabuena erik..
UN SALUDO.

Eric F. Luna dijo...

Sinceramente, no es por vagancia ni porque no os quiera contestar, pero vosotros habeis dicho todo lo que me faltaba por decir... ¡La palabra es vuestra!

Un cálido saludo a todos.